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20 de Ene de 2022

Columnistas

Ocho años sin escuela

“¿Será que Soná queda tan distante como para prestarle atención? ¿Será que los niños y estudiantes de este distrito no reúnen las condiciones como para escucharles con seriedad y resolver sus justas demandas?”

En Panamá y el resto del mundo, han existido megaobras que han tardado mucho menos tiempo en levantarse, en comparación con la escuela primaria Miguel Alba, ubicada en el distrito de Soná (provincia de Veraguas).

La majestuosa torre Eiffel (Francia) tuvo una duración de dos años para su construcción y se emplearon en la misma a más de 300 obreros. La misma es considerada como una de las maravillas de la arquitectura moderna.

Los trabajos para la construcción de la Universidad de Panamá se iniciaron en 1948 y ya para 1950, o sea dos años después, estaban levantados los edificios de la administración, biblioteca y las facultades de Ingeniería y Arquitectura. Solo en menos de un año más tarde se levantó la Facultad de Derecho y Humanidades.

La colosal estructura de la línea dos del Metro de Panamá, de casi 21 kilómetros y con 16 estaciones, tuvo una duración de tres años y meses. Casi con la misma cantidad de tiempo, el majestuoso puente colgante, Golden Gate en EE. UU. se terminó, teniendo en cuenta muchas adversidades, como el fuerte viento, la altura y los oleajes. Sin embargo, en ambos casos se trabajó casi 24 horas al día, sin mirar hora ni día libre.

En todos estos proyectos citados, había objetivos y un cronograma en cuanto a ejecución y terminación de las obras para las necesidades imperantes de sus pobladores.

No obstante, como una especie de homenaje a la desidia y el abandono, la construcción de la escuela primaria Miguel Alba ha ido a pasos de hormiga. Sus alumnos fueron distribuidos en distintas estructuras semejante a los pueblos nómadas de África. Al parecer, el pantano de la “burocracia”, sazonado con el “poco me importa” de los Gobiernos, han constituido los ingredientes nefastos en este asunto.

La comunidad de padres de familia y docentes de dicho centro escolar ha realizado un sinnúmero de protestas para que se le ponga un punto final a este problema, sin embargo, las mismas han caído en oídos sordos y en las respuestas demagógicas de las autoridades que tienen que ver con este asunto.

Tan solo el pasado lunes 8 de noviembre, se llevó a cabo una marcha desde el puente de las Américas hasta la Presidencia, donde fueron recibidos por distintos funcionarios, incluyendo a la ministra de Educación, quienes les prometieron que en cuestión de horas estaría solucionado el problema del pago a la empresa constructora. Pero, para sorpresa de muchos, pasaron los días y jamás hubo el prometido desembolso de dinero.

El caso de la escuela Miguel Alba es un tema que fácilmente pudiera entrar en el libro de los Récords Guinness como una de las promesas no cumplidas en dos Gobiernos distintos que juraron atención a las necesidades básicas de los panameños. Recuerdo muy bien cuando el presidente Laurentino Cortizo catalogó a la educación como una de las “estrellas” más importantes en su gestión y abrió el compás para la ejecución de todas las obras relacionadas con este asunto. Sin embargo, todos somos testigos de que con la escuela Miguel Alba este principio no se ha cumplido.

¿Será que Soná queda tan distante como para prestarle atención? ¿Será que los niños y estudiantes de este distrito no reúnen las condiciones como para escucharles con seriedad y resolver sus justas demandas?

La culminación de la nueva escuela Miguel Alba todavía es un acertijo difícil de descifrar. Lo que sí es cierto es que solo le restan dos años más para igualarse al tiempo que tomó la construcción del Canal de Panamá.

Sociólogo y docente panameño.