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21 de Ene de 2022

Columnistas

Natividad, cristiandad y el espíritu del capitalismo

“Lo cierto es que, la cristiandad es la antítesis del cristianismo, pero es la que han fomentado las élites del poder”

En el saludo que nos ofreció un viejo amigo sacerdote católico, formador de jóvenes, nos deseaba que se nos impregnara en nuestros corazones y nuestras vidas el espíritu de la Navidad, “que nos reta día a día a trabajar para que reine un mundo nuevo en donde reine la paz, la justicia y la fraternidad” (RP. Bárcenas, 24/12/2021). En esencia, es de lo que Jesús nos habla en las Bienaventuranzas o María en el Magníficat, pero también los profetas del judaísmo, como Amós y Miqueas. Este último, en el capítulo 2 de su libro, denunciaba a los poderosos de su época que “meditan la injusticia (…) traman el mal toda la noche y al amanecer lo ejecutan (…) si les gustan unos campos, se los roban; si unas casas, se las toman (…) Se apoderan de la casa y de su dueño, de un hombre y de su propiedad”, (Miqueas, 2.1-3).

Por lo tanto, no es espíritu del cristianismo -ni del islamismo ni tampoco del judaísmo, escamoteado por el sionismo- dejar pasar desapercibido el sistema socioeconómico y político de injusticias, que perjudica particularmente a los que no somos parte de las grandes élites detentadoras del gran capital. Sin embargo, encontramos a muchísimos líderes políticos, apologistas de tal sistema socioeconómico, que manifiestan su “voluntad y compromiso” por eliminar las desigualdades sociales, las discriminaciones, la criminalidad, el deterioro ambiental… todas las taras del sistema moderno de injusticias.

¿Dónde estaría la diferencia entre estos y quienes estén impregnados del espíritu cristiano? Pues, en la ética que pregona el espíritu navideño. Por ejemplo, el sistema socioeconómico predominante parte de unos principios y sigue una lógica que le es consecuente. En este caso, uno de los principios que rige el sistema económico es el individualismo; teológicamente se diría que se trata de lo que sostiene a los pecados de egoísmo, de codicia y la avaricia.

Lo irónico es que el egoísmo o individualismo, base de la lógica capitalista moderna, es ponderada no como un vicio, sino como una virtud. De aquí la figura de la “mano invisible”, que supuestamente hace que las actitudes egoístas de los inversionistas se conviertan en bienestar de toda la sociedad. Un sistema ordenado por este principio -y esos vicios o pecados- no deviene en otra cosa que, en perjuicios para las poblaciones humanas, porque solo salen bien librados unos pocos grupos sociales. Ya esto lo hacía ver el propio Adam Smith, cuando señalaba que las riquezas estaban siendo drenadas hacia los grandes terratenientes, industriales, comerciantes y banqueros. Por cierto, estas observaciones hechas por Smith han sido persistentemente ocultadas por los académicos identificados con la lógica capitalista.

A este volcamiento “patas pa' arriba” de la ética navideña es a lo que Enrique Dusell -el más importante estudioso de la historia de la Iglesia en América Latina y de la Filosofía de la liberación en las religiones más importantes del mundo- le denomina “cristiandad”. Es a este “cristianismo al revés”, al que se enfrentaron representantes de la Iglesia católica, como monseñor Oscar Romero, Bartolomé de las Casas, los sacerdotes próceres de México José María Morelos y Miguel Hidalgo, este último, fusilado por liberar esclavos y eliminar la expoliación de criollos y españoles sobre indígenas. Pero no solo se enfrentaron personalidades católicas, pensadores de la valía de Carlos Marx, también lo hicieron. Este, desarrolló toda su concepción sobre el fetichismo del dinero y la metamorfosis del capital, sobre la base del pensamiento paulino de la primera era cristiana. El cristianismo no fue el demonio en Marx, sino la cristiandad.

Max Weber, teóricamente contrario a Marx, concluyó una tesis clásica de la Sociología científica, a saber: Que la ética practicada por los “protestantes”-evangélicos no católicos de inicios del capitalismo- coincidió con la ética del capitalismo, razón por la cual se convirtió en fomentadora y justificadora de este… en su espíritu (Ver: Max Weber, “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”).

Lo cierto es que, la cristiandad es la antítesis del cristianismo, pero es la que han fomentado las élites del poder. Es la que se aplica para manipular a las bases sociales de la sociedad, de manera que se convenzan de que sus intereses son los contrarios a los que realmente son, a lo que el espíritu navideño postula transformar; de guerras, injusticias e insolidaridad, a una sociedad de paz, justicia y fraternidad, como nos instruye nuestro amigo y maestro, el padre Bárcenas.

Sociólogo panameño.