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25 de May de 2022

Columnistas

El aborto y el feminismo moderno

“El hecho de que la mayoría de los machos, [...], pueda imponer su voluntad sobre la mayoría de las hembras, es visto y aceptado como el modo natural de la naturaleza, o la voluntad de Dios para dar sentido e imponer orden en las sociedades”

“La verdad es traición en el imperio de las mentiras”.

Al contemplar nuestro asombroso universo, nos damos cuenta de que el planeta Tierra y todo lo que hay en él se crearon utilizando leyes cósmicas que no se pueden ignorar sin tener graves y desastrosas consecuencias.

Los grupos feministas, que han abandonado su fe en Dios, han caído presas de falsos y dañinos sistemas de creencias que se oponen directamente a esas leyes cósmicas, lo que ha provocado una seria crisis de valores.

El útero femenino es, desde la creación de Eva, el lugar tradicional consagrado por Dios para la creación individual de bebés humanos.

El aborto invade ese santuario de Dios para destruir la vida de seres humanos que Él está formando allí adentro.

Aquellos que defienden y protegen la práctica criminal del aborto, han preferido ignorar completamente las leyes y advertencias bíblicas de Dios.

Hoy día, tenemos definiciones científicas y médicas de cuándo un óvulo fertilizado se convierte en cigoto y luego en feto. Pero dado que el debate feminista sobre aborto se centra en establecer con precisión cuándo el feto se “vuelve humano”, hasta el día de hoy, ningún científico, médico o abortista ha podido dar una opinión o explicación científica, médica, con sentido, al respecto.

Repito aquí que el género femenino es el organismo más complejo, tanto físico como emocional, en la faz de la Tierra. Biológicamente, nuestro Creador ha dado el rol más importante y valioso a las mujeres. Ha puesto sobre sus hombros la gran responsabilidad para la sobrevivencia de nuestra especie, mediante ese proceso maravilloso de la reproducción.

La perspectiva de crear un nuevo ser humano y prepararlo para una vida propia en el futuro, ha de ser lo más sublime y valioso que una mujer consciente puede hacer en su vida.

Pero es necesario que las mujeres entiendan y acepten la verdad sobre su cuerpo, su sexualidad, su valor y realidad social para no ser víctimas de debilidades culturales que se reflejan en la pérdida de valores.

Es lamentable que el movimiento feminista identifique el papel de las mujeres en la maternidad como “fuente de opresión y de desigualdades de género”, al tiempo que intenta controlar el proceso de reproducción humana a través del aborto.

El movimiento feminista se ha convertido en la ideología más repugnante desde el comunismo y el fascismo; completamente desprovisto de calor humano, de valores, o preocupación por el bienestar de nuestra próxima generación de bebés.

Es desconcertante imaginar cómo ese discurso sin sentido e ideas inmorales y socialmente destructivas de grupos feministas han tenido un atractivo tan significativo en mujeres jóvenes y adultas durante tantas décadas.

Sin duda, la prioridad de nuestra vida en la Tierra se basa en la relación mutua entre hombres y mujeres.

La motivación o incentivo que la mayoría de los hombres tienen para unirse en matrimonio con una mujer es para crear legado y descendencia. Ese es el principal valor que la mujer aporta al hombre en el matrimonio. Y como dicen expertos en el tema: “¿Qué valor tiene para un hombre casarse con una mujer que no quiere tener su descendencia?”.

Sin embargo, el movimiento feminista está convenciendo a mujeres jóvenes y fértiles a ser independientes, a rechazar a los hombres y las relaciones mutuas, y a considerar abortar su progenie si quedan embarazadas.

Hay científicos sociales que dicen que, “Independencia e igualdad, empujadas por la agenda feminista, están motivando a mujeres jóvenes en plena fecundidad a no priorizar la relación entre géneros, creándoles la posibilidad de fracasar en su vida familiar o conyugal, lo cual ha perjudicado y creado disfunciones en nuestras sociedades”.

La emasculación del hombre por los grupos feministas, asistido por la codicia política del mismo hombre en posición de poder, ha sido sistémica.

La mujer feminista ahora quiere ser igual al hombre, pero una igualdad de tipo muy especial, porque en el fondo de su subconsciencia, mantiene un fuerte deseo de seguir siendo protegida, cuidada y liderada por el hombre.

El hecho de que la mayoría de los machos, tanto humanos como animales, a través del tiempo, pueda imponer su voluntad sobre la mayoría de las hembras, es visto y aceptado como el modo natural de la naturaleza, o la voluntad de Dios para dar sentido e imponer orden en las sociedades.

Pero dado que los grupos feministas no pueden explicar por qué alguna forma de dominación masculina es una característica en todas las sociedades humanas conocidas y del reino animal, están tratando de demostrar que la biología es “causativa”, por lo tanto, debe ser cambiada por la ciencia y la tecnología, deliberadamente confundiendo lo cultural y lo social con lo biológico.

El empuje feminista para eliminar el supuesto “privilegio masculino”, es también para eliminar la “distinción sexual” entre géneros, por lo que las diferencias genitales dejarían de importar culturalmente, lo que ha allanado el camino para el activismo transexual.

Nuestras diferencias están diseñadas para adaptarse a cada género por el papel que desempeña en la reproducción, mientras que otras están diseñadas para distinguirnos y ayudar en nuestra atracción mutua.

Simplemente tendremos que aceptar que las diferencias entre géneros están genuina y comprobadamente basadas en la Creación y no determinadas culturalmente. Estas diferencias son universales, consistentes y válidas.

Planificador jubilado.