07 de Oct de 2022

Columnistas

La gula de los falsos luchadores sociales

La gula es uno de siete pecados capitales. Se relaciona al apetito desmedido de comer y beber. La evolución del hombre y de la sociedad, también determina que existe hambre de poder, dinero, sexo, droga.

La gula es uno de siete pecados capitales. Se relaciona al apetito desmedido de comer y beber. La evolución del hombre y de la sociedad, también determina que existe hambre de poder, dinero, sexo, droga. Y parece que en Panamá, la política está llena de este deseo enfermizo y patético de tener más y más, importando poco si con ello pisotea a los demás.

Tras las inusitadas, pero justificadas protestas que se produjeron en julio, reluce el cobre. La gula por el poder de algunos, llegan al extremo de decir del presidente Cortizo que carece de autoridad sobre la mesa del diálogo donde participa el gobierno con algunos sectores sociales y que tiene la mediación del Arzobispo Ulloa. Un jefe de Estado débil ha tenido que rogar a los obispos la intercesión para lograr que representantes del sector productivo, puedan sentarse a dialogar como panameños que también son. No lo logró.

Uno de los participantes dice ser sindicalista, pero también es político y como tal obviamente quiere el poder. Tiene una formación política muy superior a la media de los iletrados dirigentes actuales, que lo más probable es que no leyeron libros, solo cuentos como Caperucita Roja, y esto explica su desaliñada actuación ante los hechos.

Este eterno dirigente reverdece su eterna ambición de acceder al poder. No prosperó por las vías democráticas, cuando aspiró a la presidencia de la República en 2014 y 2019 a través del Frente Amplio de la Democracia (FAD), logrando en ambos casos unos 12,000 votos, demostrándose que ni los 40,000 afiliados de su sindicato creen en él. Muchos afiliados del gremio muestran constantemente su malestar porque les sacan 2% del salario –unos $25 millones anuales— para engrosar las arcas de dirigentes que jamás han rendido cuentas.

Ahora plantean una forma diferente de acceder al poder al no poder hacerlos por la vía democrática. A través del desgaste del gobierno, tras varias semanas de protestas, tienen la ilusión de que lo lograrán, incentivando la lucha popular sin importarle las catastróficas pérdidas que, debido a los cierres ilegales de vías en todo el país, le producen al sector productivo, agrícola y ganadero. Tampoco importa el tiempo perdido por el cierre de escuelas, atizando aún más nuestras diferencias sociales, porque la enseñanza privada estuvo funcionando, no así la pública.

La estrategia local es la misma repetida en Chile y Colombia, con la diferencia de que en esos países sus nuevos gobernantes, izquierdistas políticamente, han llegado al poder por la vía democrática en elecciones transparentes. Todos esperamos que Chile y Colombia no repitan los malos ejemplos de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador (que tomaron el modelo ruso de Vladimir Putin), donde sus gobernantes llegaron por la vía democrática, entronizándose en el poder para perpetuarse indefinidamente.

Creo que el eterno secretario general sindical ha sido muy claro. Lo ocurrido es un paso previo, necesario, para el objetivo de llegar al poder, para desde allí cambiar el sistema neoliberal que nos oprime.

Panamá es objetivo vital para la izquierda latinoamericana y para Rusia, China, Cuba y Venezuela. Ya tienen Colombia, tendrán pronto a Brasil, pero se mueren por contar en sus filas a la interesante Panamá, mujer esbelta, de cintura delgada, apetecible para muchos, incluyendo los lores del narcotráfico, como se demostró en tiempos de Noriega.

Mientras los políticos locales no tomen en serio la profundidad del cambio que tenemos que hacer, estaremos expuestos a que algunos aventureros ideológicos, lleguen algún día al poder vendiendo el espejismo de la izquierda, con su sesgada visión de un supuesto mundo ideal como los cuentos de Aladino.

Ese espejismo es una tierra de gente feliz, con unas fuerzas armadas controladas por obreros y campesinos, con gobernantes justos, distribución igualitaria de la riqueza, tierra segura y próspera, comparada con la vida real del mundo de la libre empresa donde hay que ser bueno en lo que haces, ser competitivo, productivo, responsable, sagaz e inteligente, en el que, por supuesto, hay injusticias que deben erradicarse.

Ese “nuevo socialismo” que tanto promueven, inyectó ánimo a la terquedad de Cuba, “territorio libre de América”, sedujo a Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela; a Daniel Ortega, en Nicaragua, no solo con la supresión de libertades y derechos, sino también con mayores niveles de corrupción que sus antecesores, que dan sustento político e ideológico a esos lidercillos tropicales, exaltado por una sobredosis de protagonismo.

Abogado y analista político