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- 05/09/2015 02:00
Despedida con banderitas
En Panamá, y en países con cultura similar, es usual realizar las exequias de un familiar o de un allegado con un acto fúnebre. Para los católicos este se celebra con una misa en la que el oficiante y algunos familiares, durante y al final de ella, destacan lo más significativo, meritorio, particular y sentimental de la persona recordada.
En el caso de la misa fúnebre para Alberto Quirós Guardia —por su calidez tratado como Betito casi al momento de conocerlo—, no solo no faltaron el relato de anécdotas y las más sentidas expresiones acerca de su ejemplarizante vida —expuestas por el arzobispo de Panamá, monseñor Ulloa, como oficiante, y por hijos y nieto—, sino que al rememorar su enarbolamiento de valores, principios morales y panameñidad, estallaron aplausos y ondearon emotivamente banderitas panameñas como homenaje. Esas banderitas habían sido repartidas acertadamente por allegados antes de comenzar la misa en sufragio por el alma del fallecido.
Alberto Quirós G. fue un demócrata a carta cabal. Luchó por la vigencia de la democracia y se expuso a represalias por su convencimiento de que tal sistema político y de Gobierno es la mejor garantía para preservar los derechos humanos en Panamá y en el resto del mundo. Por ello, igual a la mayoría de los panameños, se opuso a la dictadura militar que mal gobernó a Panamá por 21 años desde 1968.
En aquel período muchísimos panameños —frecuentemente y en diferentes años— tocaron pitos, sonaron pailas y asistieron a concentraciones y marchas ondeando pañuelos blancos en demostración de rechazo a la dictadura. Pero Betito, y un puñado más ardoroso y muy valiente, adicionalmente la enfrentó desde medios de comunicación diariamente, pese a las amenazas de daño material y físico que proferían los partidarios y miembros de la dictadura.
Como resultado, él y un grupo fueron apresados y enviados al exilio a Guayaquil, Ecuador, durante el mando de Omar Torrijos, y pasado un tercio del lapso del Gobierno dictatorial.
Pero ni el destierro ni las amenazas doblegaron su espíritu combativo. Después de su repatriación como consecuencia de la exigencia de los E.U.A. y probablemente de todos los países americanos para firmar en un aparente ‘veranillo democrático' sin prisioneros ni exiliados políticos los Tratados Torrijos-Carter, relativos al traspaso del Canal interoceánico a la soberanía de la República de Panamá, reanudó la impartición de docencia cívica y la lucha contra la dictadura a través de una nueva radioemisora, porque la anterior le había sido confiscada. Sus convicciones eran más fuertes que el miedo.
Betito, además de sus valores morales y sociales, poseía intensas aficiones. Entre éstas tenía un lugar preferente para la música. Por ello y porque también se está volviendo usual tocar y cantar en misas fúnebres las canciones predilectas de, o adecuadas a, los difuntos, el grupo de guitarristas y el cantante de esta ocasión entonaron tamboritos, canciones y marchas que hicieron vibrar a la concurrencia.
Esta presentación empezó un poco antes de la misa con tamboritos, entre los que descolló ‘Panameño, panameño, vida mía', escuchados tanto por los sentados como por los que estaban en fila de casi una hora de duración para expresar su condolencia a los deudos, dentro de una iglesia llena. Después siguieron muchas otras canciones entre las que sobresalió la chilena ‘Gracias a la vida' de la intérprete Violeta Parra. Y cerró la marcha ‘Panamá', después de terminarse: la misa; la entrega de resoluciones de duelo de un sinnúmero de asociaciones; la bendición con incienso de la urna con las cenizas humanas, y; las exposiciones y agradecimientos de los familiares.
Finalmente, para los asistentes remarcar que estaban conscientes de quién era la persona que despedían de la vida terrenal, al entonar la marcha-canción ‘Panamá la patria mía', rumbo a la cripta, espontáneamente flamearon las banderitas panameñas que habían recibido... y atesoran.
INGENIERO CIVIL.