• 11/01/2026 00:00

Enseñando a los niños a comer

Crecí en un hogar donde no había un menú específico para niños. Mis hermanos y yo comíamos exactamente lo que se servía en la mesa, y esa era la comida de todos. Nunca me imaginé que los niños debían tener un menú especial, hasta que con mis propios hijos me encontré la realidad de los menús que supuestamente debemos ofrecer a los niños cuando van a un restaurante, todos a base de deditos de pollo, hamburguesas, pizzas, hot-dogs, macarrones con queso, sodas y bebidas azucaradas. Y lo peor es que esos mismos menús son los que se ofrecen en los comedores escolares, cumpleaños y fiestas de niños.

Aunque al inicio me debatí sobre qué hacer, mi respuesta fue inventar algo al respecto. Y fue cuando empecé a preparar todos los días las loncheras a mis tres hijos para que cada uno llevara la suya a la escuela. Por supuesto, a base de comida real, cocinada en casa y sin ningún ingrediente enlatado, las recetas del “chef Yayi” eran famosas en la escuela de mis hijos. Ellos apenas tenían entre cuatro y trece años, pero ya eran famosos.

La idea de la comida especial para niños surgió por primera vez en los Estados Unidos, y se cree que The Waldorf-Astoria en Nueva York fue el primer establecimiento en crear un menú para niños. Antes, los niños rara vez comían fuera con sus padres, pero para generar negocio en los años de la Depresión, los restaurantes optaron por acomodarse dando la bienvenida a los niños en sus mesas.

Pero fue realmente varias décadas después con el surgimiento de los restaurantes de comida rápida que se desarrollaron las innovaciones alimentarias simplificadas y poco saludables que vemos hoy. En 1973, la cadena Burger Chef creó el concepto de comida para niños, donde se servían hamburguesas y papas fritas con juguetes y crayones en envases de colores brillantes cubiertos con una mascota. Fue solo cuestión de tiempo antes de que las demás cadenas comenzaran también a capitalizar este nuevo nicho. Y lo que primero fue un invento para que los niños comieran de vez en cuando fuera del hogar, ahora se ha convertido en un diseño que ha alterado las opciones y prioridades dentro del hogar, dañando la salud de los niños y haciéndolos quisquillosos, irritables y cada vez más obesos.

Sin embargo, ya sabemos que esto no es lo que los niños realmente necesitan. Las generaciones anteriores crecimos sin estos inventos, y los niños de hoy ciertamente no tienen motivos para limitarse a las opciones en su mayoría de comida procesada y productos fritos que se ofrecen en un menú infantil. En Panamá, desde 1990, las tasas de sobrepeso y obesidad entre los niños de 6 a 12 años se han triplicado, y la tasa de diabetes entre los jóvenes menores de 20 años se ha cuadriplicado. Todos los años se publican cientos de artículos para convencer a los niños de que coman más frutas y vegetales, con servicios de consultoría completos que giran en torno a ayudarlos a ser menos quejosos y más conscientes con la comida.

Sin embargo, por mucho que nos guste la idea del dinosaurio Barney en la televisión o las creativas verduras con caritas sonrientes, no creo que en realidad necesitemos más cajitas felices ni menús amigables para que los niños se convenzan de comer saludablemente. De hecho, la solución más efectiva podría estar en algo mucho más simple y que aprendí con mi hija Laura: abandonar la idea de que los niños no pueden disfrutar de la misma comida que los adultos.

Los niños no nacen exigentes y quisquillosos con la comida, pero el entorno actual los condiciona e inconscientemente les enseña qué deben comer alimentos diferentes, que sus papilas gustativas no están lo suficientemente desarrolladas para disfrutar de los vegetales o apreciar sabores únicos y naturales. Que comer lo que comen los adultos es ser pretencioso, o comer sano es una rareza. Si se le enseñan estas narraciones a una edad temprana, es más que suficiente para convencer a un niño de que son ciertas.

Gracias a una buena decisión, les enseñé a mis hijos a disfrutar de sabores complejos, interesantes platos de ensaladas y cocinas de todo el mundo. Les pude mostrar que la comida saludable es comida deliciosa y que pueden apreciar un amplio perfil de sabor incluso desde una edad temprana. Porque a veces lo más innovador que podemos hacer por la salud de la familia es deshacer las costumbres modernas que se han construido y servirles un buen plato de comida, comida real, igual que comían las abuelas.

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