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- 27/12/2023 08:18
Estrategias para destaponar ordenadamente el Darién
Desde 2009, cuando propuse “destaponar nuestras mentes” y el Darién, hasta finales de 2023, ese territorio fue destaponado con desorden por inmigrantes ilegales –más de 250.000 en 2022 y más de 500.000 en 2023-. Personas que, aupadas por traficantes de seres humanos, fueron encaminadas desde Colombia por diversos senderos en donde han sufrido dificultades sin nombre, enfermedades, atropellos y muertes.
Mientras, el Senafront, ejército disfrazado de policía de fronteras, se ha tomado el Darién e impone su autoridad a medias, cuando los indígenas y taladores ilegales, entre otros, han continuado deforestando. La población ha seguido aumentando, pero los servicios sociales precarios son los de un Estado panameño más bien ausente, en parte por la pandemia sostienen las autoridades responsables y, en verdad, por la incapacidad inveterada de sus dirigentes políticos y sus administraciones públicas. La red vial, como nunca en la historia reciente, ha sido abandonada por el Ministerio de Obras Públicas y se encuentra, como en el resto del país, en mal estado.
El tramo de la carretera panamericana este, entre Pacora y Yaviza, cubre 246 kilómetros en espera de recuperación y rehabilitación, en principio planificada para realizarse durante tres años, incluyendo dos grandes puentes sobre el Tuira y el Chucunaque. Ojalá se haga pronto para comenzar a destaponar ordenadamente el territorio darienita.
El Darién es rico en biodiversidad y en culturas. Indígenas de varias etnias conviven, a veces con dificultades, con poblaciones de negros de origen colonial, muchos descendientes de gente del cercano Chocó, y con inmigrantes mestizos del resto del país. Todos otorgan a ese enorme territorio su originalidad cultural y sus valiosísimos aportes culturales que han sido reconocidos por exploradores y etnólogos desde el siglo XIX. El Darién, que ha deslumbrado a muchos visitantes ilustrados, caminantes y científicos, se mantiene en gran parte al margen del progreso, olvidado, despreciado y enclavado. Sólo interesa a los inmigrantes y a los explotadores ilegales de sus recursos naturales, y a políticos oportunistas y depredadores que buscan votos entre sus ciudadanos considerados simples clientes sometidos a nuestro pésimo sistema educativo.
Muchos panameños y sudamericanos creemos que debemos unirnos también por tierra en el único continente de todo el planeta que aún no lo ha hecho por la oposición de fanáticos de todo tipo, especialmente los de un ambientalismo mal comprendido, y por gente temerosa de los colombianos, bajo la influencia de una propaganda falaz y perversa desde hace ya más de un siglo.
El resultado es que no hay ningún plan concreto y viable, serio y responsable para desenclavar de modo inteligente y razonable el Darién y menos aún para unirnos por vía terrestre con Colombia de manera ordenada y productiva. También queda pendiente la interconexión eléctrica entre los dos países, proyecto de 2002 que debió terminarse en 2020 y quizá se haga en 2025. Los políticos y dirigentes panameños simplemente rehúsan el debate sobre destaponar el Darién y tampoco tienen planes y programas bien preparados para enfrentar el porvenir y para mejorar el destino de la creciente población darienita, casi 100 mil habitantes de los cuales casi la mitad son indígenas kunas y emberás que ocupan comarcas de la antigua provincia.
Las propuestas para destaponar el Darién son muy viejas. En 1893 el ingeniero estadounidense y visionario William Findlay Schunk propuso enlazar mejor Centroamérica con Sudamérica mediante un ferrocarril desde San José de Costa Rica hasta Quito, en Ecuador, pasando por Panamá y Colombia. Después, los planes para la construcción de la carretera panamericana nacieron en 1923 en la V Conferencia Internacional de Los Estados Americanos. En 1937 Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Canadá y Estados Unidos firmaron la Convención sobre la Carretera Panamericana, por la cual se comprometieron a lograr su pronta construcción.
En la década de 1950 la unión por carretera de todo el continente americano era un exaltante desafío que la mayoría decidió enfrentar con energía. Intrépidos exploradores en Panamá como Tommy Guardia, Amado Arauz y Edwin Fábrega recorrieron el trazado propuesto. Estados Unidos hasta se comprometió en 1970 a sufragar dos tercios del costo del proyecto. Pero la concertación de los Tratados Torrijos-Carter consumió los esfuerzos del gobierno panameño en su política internacional y nunca se logró que el socio más poderoso cumpliera su promesa.
La década de 1980 fue en verdad perdida y después de 1990 ningún gobierno se ha interesado realmente en desenclavar Panamá y unirnos al fin con el resto de Sudamérica puesto que Washington inventó un “tapón del Darién” como frontera de contención de actividades ilícitas desde el sur, con la excusa, además, del peligro de enfermedades como la fiebre aftosa, lo que no ha sucedido a pesar del paso irregular de casi un millón de personas en los últimos cinco años.
Poderosos políticos estadounidenses ultraconservadores proponen hoy cerrar el Darién para evitar las hordas de inmigrantes ilegales para el norte, mientras que en Colombia quieren abrirlo. En 2011 se cayó el proyecto del lado colombiano cuando el presidente Álvaro Uribe decidió no construir el puente Cacarica sobre el Atrato a 22 kilómetros de la frontera panameña, Palo de Letras, sitio a sólo 30 kilómetros de Boca de Cupe, cerca de Yaviza. El trazado más corto colombiano, Lomas Aisladas-río Atrato-Palo de Letras, despierta objeciones ambientales y sociales y se han propuesto al menos dos alternativas, un poco más largas, para unir por carretera a Colombia con Panamá destaponando el Darién, trayecto válido también para un ferrocarril hasta Medellín.
Ojalá que el nuevo gobierno panameño que elijamos en mayo de 2024 asuma al fin su responsabilidad y trate este asunto como de interés nacional y con la mayor prioridad, con estudios y consultas a las personas más competentes, y que el gobierno colombiano participe activamente en el proyecto definitivo de “destaponar nuestras mentes”, el Darién y el continente americano. Son mis mejores votos de Año Nuevo.
El autor es doctor en geografía, historiador y diplomático