Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
- 18/11/2023 00:00
¿Quien ganaría en un referéndum minero?
La minería genera impactos negativos a mediano y largo plazo, que causaron y seguirán causando profundos cambios adversos, en una gran cantidad de sectores económicos aledaños a la mina, que sumado al actual fenómeno del Niño traerá consecuencias negativas para el desarrollo económico de estos poblados. De las posibles consecuencias negativas, baja institucionalidad, persistencia de desigualdad en Panamá, se suma la batalla cultural del cambio climático.
En Ecuador, el 20 de agosto del año en curso, luego de una década de lucha ambiental, el referéndum para poner fin a la extracción petrolera en el parque Nacional Yasuní y prohibir la minería en el Chocó Andino, ganó con 59% y 68% respectivamente. Estos resultados, cada vez se repiten más en Latinoamérica, y se traducen en la histórica desconfianza del pueblo a sus gobernantes. La obsesión antiminera latinoamericana “aunque sea extractivismo verde” se correlaciona con la gran brecha socioeconómica que sufren sus pobladores y la poca credibilidad hacia sus gobernantes. En Panamá escogimos el agua para la minería, en vez de usarla para el Canal y a las calificadoras, lo que les importa es saber cómo se va a rescatar el programa IVM de la CSS que nunca quiso rescatar el actual gobierno nacional.
La desconfianza del originario latinoamericano era el escudo que lo defendía del colonizador y nace cuando Hernán Cortés en México, como estrategia sometedora, encontró que la mejor forma de dominar el adversario era capturar al líder indígena. Esa estrategia le permitió “coaccionar al pueblo y reclamar el oro”. El siguiente paso colonizador era establecerse como la nueva élite de la sociedad originaria y hacerse del control de los impuestos y regalías.
La encomienda de Cortes evolucionó a “la mita” Andina de Pizarro, donde se esclavizaron a los pobladores por turnos para proveer oro a la aristocracia quechua y en mayor proporción a los colonizadores.
La historia se repite en diversas maneras en Panamá, a pesar de los siglos, y no hay mejor emprendimiento colonizador, que comprar minas con problemas legales y apostar por la baja institucionalidad panameña y la alta percepción de corrupción que hay en ellas.
A pesar de que nuestra “economía es de alto ingreso según el Banco Mundial 2018”, y ha experimentado un crecimiento constante de 5,8% a tasa promedio anual entre 1990-2019, en Panamá han persistido los indicadores de desigualdad muy elevados, según el Estudio Económico de ALC 2023 del Cepal (5 de septiembre de 2023).
Actualmente, se ha añadido un rezago en el crecimiento panameño del PIB en el 2023 y 2024, de 5,1% y 4,2% respectivamente (más bajo que las proyecciones de El Caribe de 7,7% y 6,2%).
La elevada desigualdad en Panamá constituye un obstáculo para el desarrollo sostenible y disminuye la credibilidad de la institucionalidad en el país para seleccionar entre protección ambiental y desarrollo económico.
El 70% de nuestro PIB depende de los servicios y a los políticos les gusta que la economía dependa de las regalías de una mina, porque es más fácil regalar ese dinero en vales digitales a sus copartidarios ( más de 2 mil millones de dólares ), que depender en hacer crecer al país con una economía tecnológica, diversificada y compleja, donde se fortalezca la empresa privada por la dependencia del DIG al cobro de las mismas.
En un referéndum ganaría estrechamente el 'no a la minería', porque el grueso del electorado panameño está culturizado a favor de preservar el medio ambiente, aunado a que perdimos la credibilidad de nuestros políticos a no lograr disminuir las brechas estructurales en 30 años. Solo los jamones, pavipollos y sacos de 20 libras de arroz en diciembre podrían cambiar el resultado.
Para ser un país productor de -cobre y tierras raras-, hay que reforzar la institucionalidad política y copiar el ejemplo del extractivismo petrolero de Noruega.