Según Díaz-Canel, las conversaciones han sido coordinadas con las principales instancias del Partido, el Gobierno y el Estado cubano
- 02/04/2012 02:00
Un libro que hará historia
La crisis económica que atraviesan los países de la OCDE, que ha causado la dislocación de las finanzas públicas y afecta a millones de personas por el enorme desempleo que ha provocado tiene, entre sus raíces, la falta de ética con la que estos países han venido manejando el sistema financiero. La creación de instrumentos sin contenido real, con el sólo propósito de especular y obtener ganancias y otras ‘operaciones geniales’ para estimular el juego especulativo, como lo fue la de obtenerles un seguro, pasaron desapercibidas para los genios financistas de la OCDE.
Para lo que sí no tuvieron el menor recato fue para atribuir la crisis a las actividades de los países que ellos llaman paraísos fiscales o centros financieros offshore. Parece que quienes controlan la OCDE no se han enterado de que el FMI determinó, en julio 2008, que por estar estos últimos mejor regulados y manejados con más seriedad que los centros onshore, es decir, los que operan en los países socios de la OCDE, la referencia peyorativa y discriminatoria offshore dejó de tener sentido.
El libro con el que nos deleita ahora el profesor Jason Sharman, (http://www.griffith.edu.au/business-commerce/centre-governance-public-policy/staff/jason-sharman), The Money Laundry, es la fascinante historia de la creación y difusión a nivel global de los principios para controlar el lavado de dinero mal habido (AML). Allí queda dicho cómo el interés inicial de frenar las ganancias del narcotráfico se fue extendiendo rápidamente para arropar todo tipo de delitos. El libro nos lleva de la mano al desarrollo de los principios de ‘conocer al cliente’, de saber el origen de sus fondos, de limitar los movimientos de efectivo mediante su registro, y a la creación de organizaciones como el FATF (Grupo de Acción Financiera) y las UAF (Unidades de Análisis Financiero) para establecer reglas y vigilar su cumplimiento y evitar así que el dinero sucio entre en el sistema financiero.
Lo más dramático de este libro es la investigación exhaustiva que el brillante profesor australiano emprende por su cuenta, para comprobar la efectividad de las reglas creadas por la FATF. Sus resultados demuestran que los países que no las cumplen son, no los pequeños centros financieros, sino lo propios países de la OCDE, y entre ellos, E.U. el peor transgresor.
Es de esperar que libros como éste logren convencer a los países agrupados en la OCDE de que no podrán seguir ocultando su doble juego. Y que, con la finalidad de mejorar la moral financiera, y por el bien de la Humanidad, deberían empezar a cumplir las reglas que ellos mismos han establecido y a rendir cuentas al resto de la comunidad financiera mundial.
Entre las reglas que no se cumplen tenemos el fracaso de Estados Unidos en aprobar, para sus Personas Jurídicas, la obligación de conocer e identificar al cliente o beneficiario de las mismas. Esto lo demostró la investigación exhaustiva que hizo la GAO (Government Accountability Office), el brazo de investigaciones del Congreso norteamericano, sobre el uso de personas jurídicas de ese país para cometer toda clase de delitos y lavar dinero. Esta investigación dio lugar a que el senador Carl Levin presentara en el 2006 un proyecto para obligar a los Estados (que son los competentes en esta materia) a conocer y documentar su identidad.
Este proyecto no ha sido aprobado todavía, a pesar de que el tenaz senador lo presentó nuevamente en el 2008, 2009 y el 2011. Y ello por la oposición de los senadores de Nevada y Delaware, que son de los estados que más negocios hacen con las personas jurídicas que en un porcentaje altísimo venden al extranjero.
Más que increíble, es risible que el pleno del Senado no se haya hecho eco ni del informe de la GAO ni del proyecto Levin, el cual, en sus considerandos dice, entre muchas otras cosas, que: (1) ‘Cerca de 2.000.000 de empresas y sociedades de responsabilidad limitada se están formando bajo las leyes de los Estados cada año. (2) Muy pocos Estados obtienen información válida sobre los propietarios efectivos de las corporaciones y sociedades de responsabilidad limitada constituidas con arreglo a sus leyes. (4) Los terroristas y otros criminales se han aprovechado de las debilidades en los procedimientos de formación del Estado para ocultar su identidad al formar corporaciones o sociedades de responsabilidad limitada en los Estados Unidos, y que luego las han utilizado para apoyar a organizaciones terroristas, de tráfico de drogas y de grupos del crimen organizado internacional, así como la comisión de malas acciones que afectan el comercio interestatal e internacional, tales como tráfico de drogas ilícitas y armas, lavado de dinero, evasión fiscal, fraude a través de Internet, fraude de valores, fraude financiero, delitos de propiedad intelectual, y los actos de corrupción extranjeros’.
El senador Levin está tratando de copiar nuestra legislación que obliga al Agente Residente de toda persona jurídica (que debe ser abogado y cuyo nombre y generales deben necesariamente constar en el Registro Público) a conocer para quién hace la sociedad y a documentar su identidad, lo que permite a las autoridades panameñas ubicar, aún en el caso de acciones al portador, quién está detrás de una persona jurídica que se utilizó para cometer un delito.
Como panameños debemos sentirnos orgullosos de que nuestro centro de servicios internacionales no se presta ni para lavar dineros mal habidos ni para ocultar criminales y que somos un ejemplo para muchos países, incluyendo a Estados Unidos. El libro que comentamos así lo reconoce.
ABOGADO Y ESCRITOR.