• 23/09/2026 12:09

La infraestructura que impulsará el crecimiento del siglo XXI

La historia económica muestra que son pocos los ciclos de inversión capaces de transformar simultáneamente la productividad, la localización del capital y la competitividad de los países. La expansión de la red ferroviaria durante el siglo XIX integró mercados y redujo drásticamente los costos de transporte; la electrificación redefinió la producción industrial en el siglo XX, e Internet impulsó la economía digital desde finales de la década de 1990. Hoy comienza a consolidarse un nuevo ciclo de características similares: la construcción de la infraestructura que hará posible la inteligencia artificial. Más que una carrera por desarrollar modelos de inteligencia artificial, se trata de una competencia por construir la infraestructura física que hará posible su adopción a gran escala y sostendrá una parte creciente de la economía durante las próximas décadas.

La magnitud de esta transformación ya se refleja en indicadores internacionales. Uno de los más relevantes es el Global Data Center Market Comparison 2026, elaborado por Cushman & Wakefield, referencia mundial para evaluar la competitividad de los mercados de Data Centers. El estudio analiza 107 mercados mediante 24 variables y confirma un cambio de fondo: la disponibilidad de energía, la estabilidad de las redes eléctricas y la rapidez para desarrollar proyectos pesan hoy tanto como el tamaño del mercado o los costos laborales al decidir dónde invertir. En otras palabras, la inteligencia artificial está modificando los criterios con los que el capital internacional selecciona los destinos de inversión.

Las proyecciones de inversión y consumo energético confirman la magnitud de este cambio. McKinsey estima que las inversiones mundiales en Data Centers alcanzarán 6.7 billones de dólares hacia 2030, de los cuales aproximadamente 5.2 billones corresponderán a infraestructura para inteligencia artificial. Al mismo tiempo, la Agencia Internacional de Energía (IEA) proyecta que el consumo eléctrico de los Data Centers prácticamente se duplicará hasta alcanzar 945 TWh anuales. No se trata únicamente de construir instalaciones para alojar servidores, sino de desplegar infraestructura estratégica: generación y transmisión eléctrica, fibra óptica, sistemas avanzados de enfriamiento y equipamiento especializado. En otras palabras, la inteligencia artificial está impulsando uno de los mayores ciclos de inversión en infraestructura de las últimas décadas.

La pregunta inevitable es qué lugar ocupa América Latina en este nuevo mapa mundial de inversiones. Aunque la región cuenta con mercados relevantes en México, Brasil, Chile y Colombia, aún se encuentra lejos de los principales polos mundiales. La magnitud de esa brecha se aprecia al observar que Virginia, el mayor mercado de Data Centers del mundo, concentra 11.3 GW de capacidad operativa, un volumen superior al de los principales mercados latinoamericanos considerados en este análisis. La diferencia no responde a una menor demanda de servicios digitales, sino a la capacidad de atraer inversiones de gran escala y ofrecer las condiciones necesarias para proyectos de largo plazo.

México ilustra mejor que ningún otro país latinoamericano tanto el potencial como las limitaciones de la región. El mercado de Querétaro incrementó su capacidad instalada de Data Centers en 450.2 % entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, el mayor crecimiento registrado en América Latina. Durante ese mismo periodo incorporó 213 MW de nueva capacidad, equivalentes a casi ocho de cada diez megavatios absorbidos por los principales mercados latinoamericanos, muy por encima de São Paulo, Santiago y Bogotá. Estos resultados muestran que las inversiones en Data Centers tienden a concentrarse en mercados capaces de reunir las condiciones necesarias para atraer proyectos de gran escala.

Panamá se encuentra ante una oportunidad histórica dentro de América Latina. Si durante el siglo XX el Canal consolidó al país como un punto estratégico para el comercio marítimo mundial, la economía de la inteligencia artificial abre la posibilidad de desempeñar un papel similar en el flujo global de datos. La convergencia de seis cables submarinos internacionales adquiere un valor estratégico, pues más del 99 % del tráfico internacional de datos circula por esta infraestructura. Esta ventaja geográfica posiciona a Panamá entre los países mejor ubicados de la región para atraer inversiones en Data Centers y servicios digitales de alto valor agregado. El desafío consistirá en convertir esa ventaja en una estrategia de Estado que consolide al país como uno de los principales nodos digitales de América Latina.

La principal lección de esta transformación para América Latina es que la inteligencia artificial está modificando los criterios con los que el capital internacional decide dónde invertir. Durante décadas, el tamaño del mercado, los costos laborales o los incentivos fiscales ocuparon un lugar central en esa decisión. Hoy comienza a consolidarse una nueva lógica: las inversiones de mayor escala buscan países capaces de ofrecer infraestructura confiable, reglas claras y procesos ágiles para desarrollar proyectos concebidos para operar durante varias décadas. En este nuevo escenario, la ventaja competitiva ya no dependerá únicamente de generar innovación, sino de la capacidad para convertirla en inversión, productividad y crecimiento económico.

La inteligencia artificial está inaugurando una nueva etapa en la que la infraestructura vuelve a ser un factor determinante del desarrollo económico y de la competitividad. Para América Latina, y particularmente para Panamá, el desafío consiste en comprender que este nuevo ciclo de inversión está redefiniendo la geografía mundial del capital. La historia económica demuestra que las grandes transformaciones favorecen a quienes identifican antes que los demás hacia dónde se dirigen las inversiones y actúan en consecuencia. La competencia ya no será únicamente por desarrollar mejores tecnologías, sino por atraer el capital que hará posible su expansión. Las decisiones que se adopten durante esta década definirán, en buena medida, el lugar que América Latina ocupará en la economía digital del siglo XXI.

* El autor es consultor internacional y analista data-driven
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