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- 12/11/2023 00:00
Más sobre Ozempic, la obesidad y la cura real
En nuestra publicación de la semana pasada, no teníamos la intención de dictar cátedra ni muchos menos sentenciar a Ozempic, otra más de una serie de curas para un problema que solo tiene una solución a largo plazo, y es que nuestros gobiernos obliguen a las grandes empresas alimentarias y agrícolas a proporcionar alimentos nutritivos a precios asequibles. Por supuesto que suministrar alimentos nutritivos significa sembrar menos semillas transgénicas, producir menos alimentos industriales y vender menos comida chatarra.
No hay ninguna razón particular para ser “anti”-Ozempic, aunque sí quiero señalar que: a) sus efectos secundarios a corto plazo pueden ser desagradables; b) se desconocen sus efectos a largo plazo; c) un año de tratamiento cuesta más de $10mil; d) en el momento en que deja de tomarlo, deja de funcionar.
El Dr. David Katz escribió recientemente que “Ozempic es sólo la última versión de un largo debate. Los médicos tradicionales quieren que la obesidad sea una enfermedad, porque entonces se convierte para ellos en un centro de ganancias sin fin. Decir que no es una enfermedad no significa que sus innumerables víctimas no merezcan los mejores tratamientos que podamos administrar; por supuesto que lo hacen. Pero eso no significa que debamos entregar el problema a las grandes farmacéuticas y a los cirujanos ignorando sus orígenes. He estado perdiendo discusiones durante años y, por supuesto, perdiendo, porque las enormes ganancias están todas del otro lado de la mesa”.
Para entender todo esto más claramente, comparemos el Ozempic con las máscaras de gas. ¿Qué implica exactamente esta comparación? Imagínese que toxinas transportadas por el aire fueran lanzadas al aire como una cuestión de rutina. Ahora imagine que los síntomas respiratorios que todos desarrollamos como resultado se llamaran “enfermedad”, como si de alguna manera nuestros cuerpos fueran el problema. Luego imaginemos que una empresa presenta con gran fanfarria, las máscaras de gas para tratar la enfermedad, como si usarlas pondría fin a la respuesta disfuncional del cuerpo a esos contaminantes transportados por el aire que estamos obligados a respirar. Y finalmente, imaginemos que toda nuestra sociedad se obsesiona con el maravilloso potencial de estas nuevas y fantásticas máscaras de gas para aliviar los problemas de tos, dificultad para respirar y expectoración.
¿Ven el problema? No es que no debamos utilizar las mejores máscaras cuando, como último recurso, esa es nuestra mejor defensa. Es que no deberíamos permitir que el último recurso disponible para abordar los efectos nos desvíe por completo de abordar las causas. Sería a la vez absurdo y ruinoso. Absurdo porque lo es. Y ruinoso porque, dejando de lado los enormes costos en dinero y los inconvenientes de las máscaras de gas, al no abordar el problema desde sus orígenes, dejamos sin abordar los otros daños que conlleva el tema. Además, los contaminantes transportados por el aire también llegan al suelo y al agua, y no solo afectan a las personas, sino a todos los demás animales y plantas. Con el tiempo, el daño sería ecológico y masivo.
Y nos preguntamos, nuevamente, ¿cómo el uso de máscaras de gas es una solución para ese problema? En el caso de las toxinas transportadas por el aire, el énfasis principal debería ser evitar que sean arrojadas al aire en primer lugar. En el caso de la obesidad, se tendría que crear más regulaciones y prohibiciones severas para evitar que alimentos ultraprocesados y comida chatarra malsana entren a la cadena agroalimentaria y afecten la salud pública de la población. Y esto lo sabemos desde hace mucho tiempo.
Esto quedó al descubierto y se observa a simple vista que no hay ningún tipo de violación o incumplimiento a las normas cuando se sirven alimentos ultra procesados a las personas. La comida chatarra deliberadamente adictiva constituye más del 60% de las calorías en la dieta panameña, y no es una exageración. Por eso, pretender que la solución es un simple medicamento como si la obesidad fuera una enfermedad, es proporcionar un camino fiable para que la industria alimentaria siga adelante y continúe haciendo de las suyas.
Así como las máscaras de gas tienen un lugar en respuesta a las amenazas respiratorias, Ozempic podrá tener un lugar en una respuesta integral a la obesidad. Y aunque las grandes farmacéuticas y corporaciones de la industria de alimentos les parezca bien que los medicamentos son la alternativa para abordar las causas de la obesidad, en realidad no son.
Como sociedad no deberíamos sentirnos bien con esa posición y nuestro derecho es dejárselo saber.