• 04/11/2014 01:00

Oportunidades perdidas

 La clase política sigue con sus viejas mañas

Ante el debacle del periodo presidencial anterior y sus posibles graves consecuencias para los implicados, hubiese pensado que nuestra clase política tomaría ese mal ejemplo como medida de escarmiento y aprovecharía la oportunidad histórica que le hemos ofrecido de producir un verdadero cambio hacia lo mejor en la administración del Estado en todos sus estamentos. Un cambio para enderezar su comportamiento y trabajar por los mejores intereses de la Patria y los panameños.

Mas, sobre todo, convencernos de que no nos equivocamos una vez más cuando votamos por ellos, confiados en sus promesas de campaña de adecentar la administración pública. Sin embargo, esto no ha sucedido. La clase política sigue con sus viejas mañas. Sigue poniendo por delante sus intereses personales sobre las exigencias de la ciudadanía de honestidad y buen manejo de la cosa pública y castigo a los corruptos. Ni siquiera los albores del mes de noviembre logran motivarles sentimientos de Patria.

¿Qué mejor ejemplo del deterioro de nuestra clase política que el comportamiento de nuestros diputados en el proceso de selección del nuevo contralor? Siguen los rumores de maletines de dinero y ofertas de puestos y regalías en las negociación por votos. No se ponen de acuerdo, suben y bajan las ofertas y contraofertas. La torcedura de brazos es intensa. ¡Qué vergüenza! ¡Qué mal ejemplo para las nuevas generaciones!

?En el proceso, los diputados han creado un precedente insólito al forzar un probable llamado a sesiones extraordinarias para escoger el nuevo contralor, algo no sucedido anteriormente en nuestra Historia o, peor, atrasar la decisión para el año entrante. Esto no resulta por exceso de trabajo legislativo, todo lo contrario, se debe al no poder haber logrado conciliar entre ellos sus intereses personales en la selección del nuevo contralor. Han demostrado claro desprecio a nuestras expectativas por un proceso honesto y transparente para escoger el mejor candidato. Ante esta situación, no importa el resultado final, el proceso está ya contaminado.

Realmente, no logro explicarme qué pasa por las cabezas de nuestros políticos; salvo que la codicia oscurece su visión política. No se percatan de que con su comportamiento están cavando su propia tumba, lo que no sería tan malo por su comportamiento, si no fuese por el hecho de que nos arrastran con ellos hacia el despeñadero.

Si el deterioro es grave en la Asamblea, no menos deplorable es la situación en la Corte Suprema de Justicia. Vemos cómo un magistrado y expresidente de ese organismo de Estado es llamado a juicio por múltiples acusaciones de comisión de graves delitos penales y recluido a arresto domiciliario. Admito que ante ese llamamiento a juicio sentí un aliento de esperanza de que al fin íbamos a tener una Asamblea merecedora de nuestro orgullo, pero esa esperanza se desvanece con el comportamiento de esa institución en la selección del nuevo contralor.

?Mas, la situación en la Corte Suprema no termina allí. Otro miembro de la Corte, en declaraciones públicas, confirma los rumores que hemos escuchado por mucho tiempo de que en esa institución se venden y se compran fallos, o sea que existe un zoco cimarrón operando en la Corte. También que existe un ‘décimo magistrado’ y que este personaje tiene mucho que ver con las actividades de compra y venta de fallos. Ruego a Dios que se cumplan los designios del presidente encargado de la Corte y se tomen medidas de poner coto final a estas actividades y, sobre todo, se lleven a juicio a quienes se encuentren culpables de estos actos ilícitos y a los favorecidos, no importa sus posiciones.

Pero, la cosa no termina allí, todos los días los medios nos informan de nuevas revelaciones de actos de corrupción y mal manejo por parte de funcionarios del antiguo régimen. La lista es extensa y los dineros mal usados ascienden a cifras impresionantes. Y ¿qué decir de los escándalos por el uso de dineros y recursos públicos que han forzado al Tribunal Electoral a convocar nuevas elecciones en varios circuitos electorales? Y, ¿qué me dicen de nuestro fiscal electoral que se les pierde a los magistrados? ¿Tendremos que aguantarnos hasta el 2019? ¿No habrá manera de zafarnos de él?

No hay dudas, con todas esas consideraciones vale afirmar, emulando al fantasma del padre del príncipe Hamlet, que algo está podrido en Panamá. Ante esta situación, vale preguntar ¿hasta cuándo vamos a tolerar que la clase política siga abusando de nuestra paciencia?

*BANQUERO Y EXDIPLOMÁTICO.

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