• 31/08/2015 02:00

Juventud, pobreza y maleantería

Según las variantes ideológicas, existe una estrecha ligazón entre violencia y degradación social.

Ha causado mucha conmoción el video donde se aprecia a menores de edad, incluso un niño de 10 años, realizando un asalto a mano armada al mercadito ‘Valle de la Luna', en David, Chiriquí, asalto que fue grabado por las cámaras de seguridad del local. Hay un adulto implicado en el asalto, que era quien esperaba a los menores en un taxi. Según la Policía Nacional, los otros dos menores, de 16 años, están plenamente identificados.

Según las variantes ideológicas, existe una estrecha ligazón entre violencia y degradación social. La miseria trae como consecuencia un mayor índice de criminalidad y violencia. Laboré en una escuela técnica en un suburbio de la ciudad de Panamá, donde el 80 % de los estudiantes de 14 a 17 años era de conducta irregular. También realicé trabajo social en esa región, donde las estadísticas nos hablaban de un alto índice de violencia intrafamiliar y delincuencia. En los hechos delictivos predominaba en un alto porcentaje el involucramiento de menores de edad.

Coincidimos con algunos estudiosos de este fenómeno, tales como Emilio J. Corbière, en que los problemas del siglo XXI son particulares de una época: la del neoliberalismo, que no es más que el desarrollo de la globalización capitalista; es decir, de la integración mundial del capital financiero. La repercusión social de este sistema económico no podía ser de otra manera en las clases sociales medias y bajas, ya que concentra el poder económico, destruye la industria y la producción, afianza a especuladores y agiotistas, robustece las mafias de ‘cuello blanco', a los banqueros y empresarios cultivadores de los delitos bancarios, la defraudación y las estafas, con la complicidad de las mafias políticas. Hay, pues, una barbarización; o sea, una criminalidad que vulnera todos los valores humanos y degrada a hombres y mujeres de todas las edades. Hay quienes proponen una política de mano dura que predica ‘cero delincuencia', pero esto solo enfrentaría las consecuencias y no las causas sociales producidas por el sistema.

Es necesaria una política que reúna a juristas, miembros del Poder Judicial, fuerzas de seguridad e inteligencia y a políticos, especialmente, a los parlamentarios, para articular una estrategia contra todas las modalidades del crimen, no solo la de los ladrones de tanquecitos de gas, sino también a los políticos, policías, empresarios y banqueros corruptos.

Desde principios de los 80, cuando se iniciaron los procesos de ajustes estructurales de la economía, en nuestro país el porcentaje de personas subempleadas y desempleadas se ha ido incrementando y, en vez de proporcionarnos ventajas para todos, lo que ha sucedido es que la riqueza se ha ido concentrando en muy pocas manos.

Los niños de nuestros barrios populares, a causa del desempleo e inestabilidad laboral de sus padres o tutores, crecen con muchas carencias, resentimientos y baja autoestima. A la vez, el narcotráfico encuentra en la pobreza el terreno abonado para las actividades delictivas. Un alto porcentaje de las personas que integran las bandas delincuenciales en nuestras zonas rojas son menores de edad y el involucramiento de ellos comienza a una edad muy temprana. Los hechos como el acontecido recientemente en David, lo demuestran.

EDUCADOR

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