• 04/04/2026 00:00

‘Therians’, o sobre la nivelación algorítmica

La nivelación de la mediocridad es una cuestión digna de admirar, no por lo que podría aparentar a primera vista, sino por la espectacular capacidad de ingeniería social que posee todo mecanismo que convierte al individuo en algo calculable, regular y necesario. Esto lo afirmo de forma irónica, porque tal nivelación no es algo en sí deseable, ya que representa una auténtica amenaza contra cualquier ejercicio interpretativo que no se ajuste al molde. No obstante, uno debe ser igualmente apto para apreciar como el algoritmo, en este caso el de las redes sociales, fue capaz de convencer a miles de individuos de que esa ambigüedad denominada como “therians”, no solo consiga masificación, sino que alcance, aunque sea de forma momentánea, el carácter de un asunto de primer orden.

Ya sea desde el ejercicio de la ridiculización no irónica del asunto, desde su trivialización, su traslado al ámbito de los memes, la mofa y burla, su tratamiento como un signo de tiempos terribles, decadentes, amorales (o algo por el estilo); o por el contrario, los que entendieron el asunto desde la defensa de la autonomía y la libertad del individuo de vivir su existencia exclusiva como les venga en gana, es increíble que no exista la suficiente suspicacia para oler la peste de la nivelación de lo mediocre en medio de todo este asunto. De ello se puede concluir que el mensaje ya no necesita esconderse, no requiere usar un halo misterioso que le recubra para acceder de forma sutil en la mente del incauto que consume contenido de redes, no llega tan siquiera a cortina de humo, ¡no hace falta! Este es el largo, tardado y exitoso esfuerzo por esterilizar al ser humano de sus capacidades creativas, de su vitalidad, de su curiosidad o de cualquier gesto crítico.

Por fin estamos preparados para discutir con la máxima seriedad todo lo burdo y de corto horizonte, es el triunfo de la vida reactiva. Siempre reaccionando ante cualquier producto que engendre el algoritmo, expectantes frente al próximo tópico que va a generar un interés fugaz en nosotros, uno que además no va a dejar marca duradera alguna, porque el salto es inmediato y en cosa de días, o mucho menos, ya lo hemos olvidamos y toca ahora hundirse en otra cuestión que por igual será reemplazada prontamente.

La serie de ejercicios reflexivos previamente expuestos no representan una novedad, es una advertencia anticuada, una que aparece en distintos tiempos y de boca de muchos individuos, unos más conocidos que otros, por ejemplo del siglo pasado, del XIX, e incluso de mucho más atrás, hasta podríamos escuchar ecos de las lamentaciones de Sócrates frente a lo que este consideraba rechazable de su época; sin embargo lo que se expresa aquí no es un delirio moralista, asumiendo aquí su sentido más escueto y superficial. Otra vez, reiteramos que lo que aquí expresamos es la más alta admiración hacia el algoritmo, por supuesto, con una alta dosis de ironía.

No puede ser de otra forma, ¡¿cómo no maravillarse ante la capacidad del algoritmo para dirigir las disquisiciones dialógicas de miles de humanos hacia caminos inundados de heces?! Es un verdadero espectáculo, ¿no cree usted que es algo admirable? Tan potente es el acto desatado que incluso el describir como “manipulación”, por ejemplo, al asunto de los therians, significa seguir jugando dentro de los confines del algoritmo. Habría incluso que preguntarse si el nivel de eficacia alcanzado en la actualidad para nivelar la mediocridad ha superado con creces la capacidad que en un momento determinado de nuestra historia se le atribuyó al cine, al arte, a la televisión, al internet, etc. Hasta da la impresión de que el asunto es ineludible, no hay escapatoria del círculo vicioso, ni siquiera si usted se niega a tener redes sociales se salva, pues tarde o temprano tendrá que saber de los therians, de Bad Bunny en el Super Bowl, o de alguna de esos majestuosos tópicos que dignifican a nuestra época como “el mejor mundo posible”.

La mediocridad lo inunda todo, lo atraviesa todo, y nos hace inmunes a desear algo radicalmente distinto. Sin embargo, en ello radica su genialidad. Que maravilloso que finalmente hemos hecho realidad el sueño más sublime y elevado de la humanidad: ¡todos somos iguales! Al menos, ante el algoritmo lo somos. Y entonces, ¿en verdad no hay salida?, ¿no existe un vericueto que podamos recorrer para romper con este ciclo interminable de parafernalia niveladora? No lo sé, aunque podríamos empezar desde una pulsión muy básica de la humanidad: la curiosidad. Ahora bien, ¿por qué usted quiere salir de la nivelación?, ¿no es acaso confortable?, ¿no encuentra ridículo querer huir de ella?, ¿por qué quiere ser diferente? Lo menciono porque la opción más viable sería hundirse en el abismo de su perspectiva algorítmica concreta, en su diminuto universo y fingir que todo es maravilloso, o si no le parece suficiente, también podría añadirle algún tipo de narcótico (lo digo en sentido metafórico, por si acaso).

Seguramente para el momento que se publique este artículo los therians ya habrán sido olvidados, dando mayor firmeza a lo increíblemente irónico que resulta todo este asunto. No hay fallas en el sistema.

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