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La Universidad de Panamá (UP), fundada en 1935, continúa siendo un pilar fundamental para el desarrollo económico del país. Como la institución de educación superior más prestigiosa de la nación, contribuye significativamente al crecimiento nacional mediante la formación de profesionales calificados, la generación de conocimiento y el impulso a la innovación.
Panamá posee una economía dominada por el sector servicios, que representa cerca del 75 % del Producto Interno Bruto (PIB), por lo que depende estrictamente de una fuerza laboral capacitada. En este contexto, la UP gradúa anualmente a miles de especialistas en áreas clave como finanzas, ciencias de la salud, economía, logística, administración portuaria, turismo y tecnología. Solo en su promoción 2023-2024, la institución egresó a más de 13,000 profesionales, alimentando sectores vitales como el Canal de Panamá y la plataforma internacional de servicios financieros. Para el inicio del año académico 2025, la matrícula superó los 81,848 estudiantes.
A nivel nacional, aunque no existe una cifra unificada definitiva para 2025, estimaciones preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) sugieren que la población universitaria total supera los 200,000 estudiantes, sumando la oferta de las universidades públicas y particulares.
En términos de investigación, la UP impacta directamente en la economía a través de sus centros dedicados a la agricultura, la salud y el medio ambiente. Por ejemplo, diversos proyectos en biotecnología han mejorado la eficiencia agrícola, fortaleciendo un sector de exportaciones que busca expandirse en los mercados internacionales. No obstante, el alcance de estos esfuerzos enfrenta desafíos financieros. En 2025, el presupuesto de la UP fue de aproximadamente 395 millones de dólares; sin embargo, debido a los recortes ejecutados por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), solo el 7 % pudo destinarse a Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), limitando su potencial transformador.
Estudios globales indican que por cada dólar invertido en I+D+i (investigación, desarrollo e innovación) generado por las universidades, se producen retornos de hasta cinco dólares en el PIB a largo plazo, impulsados por una mayor productividad y la creación de empleos. En Panamá, una inversión sostenida en esta área podría elevar el crecimiento económico del actual 4-5 % anual a un rango del 6-7 %, lo que agregaría entre 10 y 15 mil millones de dólares al PIB acumulado para el año 2035.
Si nuestra primera casa de estudios pudiese destinar una mayor parte de su presupuesto anual a I+D+i durante la década 2026-2035, el impacto sería transformador. Suponiendo un aumento gradual del 7 % al 15 % en esta partida —pasando de unos 20.65 millones a 44.25 millones de dólares anuales, tomando como base el presupuesto de 295 millones asignado por el MEF para 2026—, se potenciarían sectores emergentes clave como las energías renovables, la inteligencia artificial, la ciencia de datos y la biotecnología.
Está demostrado que la inversión en I+D+i fomenta alianzas público-privadas y atrae fondos internacionales. Esto posicionaría a nuestro país, a través de la UP, como líder regional en innovación, reduciendo la dependencia de los servicios tradicionales y mitigando vulnerabilidades socioeconómicas. Sin embargo, este potencial se ve seriamente comprometido por la asignación presupuestaria para 2026. Los aproximadamente 295 millones de balboas asignados representan el primer presupuesto inferior al del año anterior en los 90 años de historia de la institución, lo que pone en riesgo el desarrollo estratégico del país.