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06 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

De boinas negras, codepadis y gladiadores

La Historia Electoral Panameña, especialmente la del siglo pasado, estuvo plagada de sobresaltos que se evidencian especialmente en frau...

La Historia Electoral Panameña, especialmente la del siglo pasado, estuvo plagada de sobresaltos que se evidencian especialmente en fraudes, campañas sucias, manipulación de resultados, compra de votos y todo tipo de triquiñuelas electoreras, cometidas por los distintos partidos, sin distinción de ideologías, fundados en el principio maquiavélico de que el fin justifica los medios.

Solo a manera de ejemplo, recuerdo jocosamente, en las elecciones de 1984, cuando algunas personas votaban varias veces en distintas mesas a favor del candidato oficialista, y para poder borrarse la tinta en su dedo índice, la cual era usado como control del voto, utilizaban cloro, aguarrás y otro tipo de sustancias abrasivas, al punto que, de tanto votar y limpiarse, se les caía la uña.

El caso anterior es una puerilidad comparada con cuando se hace uso de la fuerza y la violencia para acallar al contrario. Solo para hacer memoria recordemos en las elecciones de 1940, cuando la candidatura del prestigioso jurista Ricardo J. Alfaro se malogró, debido a los episodios de violencia cometido en contra del grupo político que lo apoyaba en su campaña electoral (Partido Liberal Renovador) por parte de los grupos adeptos a Arnulfo Arias, lo que a la postre hizo que estas elecciones fuesen celebradas con un único candidato.

No está de más dejar en evidencia los desmanes cometidos por los llamados boinas negras panameñistas, quienes de forma similar a los camisas negras italianos, se convirtieron en los grupos de choque del partido de Arnulfo, avasallando a todo aquel que osara oponerse al caudillo y que fueron los propiciadores y precursores de la violencia política organizada.

También en la década del 80 fue famoso el llamado grupo F8, encabezado por Silverio Brown, quienes a punta de pistola doblegaban a todo aquel considerado cabeza caliente contrario al régimen militar. Aunado a lo anterior, muchos de nosotros recordamos a los Batallones de la Dignidad y los llamados ‘codepadis’, que igualmente fueron grupos de varilleros a la orden del régimen oficial de aquel momento.

Frente a todos estos ejemplos, ¿vale la pena repetir la historia? ¿Debemos en estos momentos hablar de la creación de grupos cuyo objetivo es la defensa a ultranza, y en muchos casos sin razón, de los proyectos, ideas o pruritos del gobierno? Todos los que conocemos la historia, o bien la vivimos, miramos con recelo y preocupación este tipo de hechos. La historia, y los electores, se encargarán de juzgar si este ha sido o no un buen gobierno, si cumplió las expectativas por las cuales fue elegido o si bien ha sido todo lo contrario.

Siempre recuerdo la frase expuesta por Eusebio A. Morales: ‘Yo ni me explico ni me defiendo. Hay dentro de mí un testigo superior que sabe lo que hago, lo que soy y lo que merezco, y mientras ese testigo esté satisfecho, la voz de los calumniadores, la baba de los envidiosos, la ira de los necios y los estúpidos en nada alteran la serenidad de mi espíritu’. Este testigo superior debe ser el único defensor del gobierno, estimados lectores.

ABOGADO.