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24 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Llaga periodística

Un médico local escribió hace días en la sección de opinión de un diario panameño, sobre la corrupción en el ámbito de los periodistas. ...

Un médico local escribió hace días en la sección de opinión de un diario panameño, sobre la corrupción en el ámbito de los periodistas. Desde un inicio, el autor confesó que era un asunto delicado y espinoso. Se refirió a una especie de lado oscuro de la luna, que se sabe que existe, pero que no se aprecia desde una coyuntura normal.

Este artículo puso el dedo en la llaga, a juzgar por los comentarios que suscitó y las repercusiones que ha tenido en las fechas subsiguientes. Pero es tan preocupante como cuando alguien se pregunta por el nivel de corrupción de los médicos, de los abogados o de los ingenieros.

¿Qué decir del galeno que atiende en una clínica estatal y aprovecha para citar a sus pacientes a su consultorio privado? ¿O del consultor jurídico que amaña un caso o acepta negociar con el asesor legal de la parte contraria para que el ‘arreglo’ sea provechoso a ambos? ¿Y el constructor que calcula precios de materiales, pero utiliza otros más baratos y se ahorra una parte del presupuesto?

Cada rama profesional tiene sus espacios éticos donde es posible vulnerar el lado correcto de la actuación y con decisiones, medidas, acciones u omisiones, se entra en otras facetas más ‘rocambolescas’ de la gestión y en el propio beneficio. Es como sugerir que la ‘coima’ solo la reciben los agentes del tránsito. La realidad de esta costumbre insana está presente en varias actividades.

Un grupo minoritario de los periodistas se sabe que entra en estas prácticas y por decisión personal o a través del segmento que tienen en algunos medios de comunicación, utilizan dicha extensión de poder para el lucro personal, a niveles que van más allá de las entradas económicas que normalmente perciben por su faena cotidiana.

Hay favores que se hacen a quien ostenta el poder en cualquier sector y dichas deferencias, tienen un costo, a juicio de estos profesionales de la pluma.

Esto es fácil de demostrar. Hay que preguntarle a un legislador por ejemplo, ¿quién le ha propuesto hacer una contraofensiva para quitar peso a una campaña que se mueve en contra de su figura y cuál es la tarifa solicitada? O también a cualquiera que tenga una alta posición de responsabilidad ¿cuántas veces no ha aparecido algún periodista y ha expuesto la difícil situación familiar en que se encuentra?

También se usa de argumento en ciertas fechas para inferir la necesidad de adquisición de un aguinaldo.

¿Por qué cada vez que se hace un recuento de la gente que aparece ‘emplanillada’ en determinadas campañas de divulgación, se repiten nombres y programas? Esta verdad no requiere mayor comprobación.

Es un secreto a voces, que hay un sector de los comunicadores sociales que participa en estas iniciativas a favor de un tema delicado —según los intereses— o en contra de una medida o de alguien que se ha puesto ‘guapo’ o peligroso.

Ante esta realidad, surge otro escenario. El Consejo Nacional de Periodismo conformado por diferentes actores de la gestión informativa, creó un Comité de Ética que analiza sistemáticamente, casos denunciados y de manera independiente, expone sus evaluaciones periódicamente. Esto demuestra que son mal vistas las violaciones a tal desempeño inmoral.

Un amplio espectro de profesionales de la comunicación social considera que este oficio requiere de un sano juicio y un desempeño que busque la excelencia y promueva una sociedad más informada para decidir sus perspectivas. No se trata de ocultar o negar las acciones por falta de valores de algunos y no se puede tomar las excepciones como reglas de desempeño.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.