Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 06/04/2026 13:14
«¡Compadre, qué calor!». Esta exclamación, recurrente en el habla cotidiana del panameño, cobra hoy más vigencia que nunca... convertida en una queja diaria ante noches sofocantes y calles en las que el sol parece derretir la ciudad.
No es percepción. Panamá se está calentando y en la capital esto no se explica solo por el cambio climático, sino por el tipo de ciudad que hemos construido.Mientras otras urbes como la cercana Medellín apuestan por árboles, sombra y espacios caminables —logrando reducir temperaturas—, Panamá ha seguido el camino contrario: más concreto, más carros, más calor.
Esa fue una de las conclusiones del conversatorio convocado este martes 31 de marzo por Arbolando Panamá para analizar el impacto del proyecto de ampliación de la vía España anunciado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP).
No es la primera vez que esta institución, tradicionalmente enfocada en la infraestructura vial y la fluidez del tráfico, parece subestimar el impacto de sus propuestas sobre la calidad de vida urbana.
Raisa Banfield –arquitecta y exvicealcaldesa de Panamá– recordó que algo similar ocurrió entre los años 2004 y 2005 cuando el MOP proponía convertir la ciudad en una red de vías rápidas conectadas a los corredores, priorizando la velocidad sobre los espacios ciudadanos.
En aquel momento, se organizaron arquitectos y urbanistas del país —entre ellos la propia Banfield y el arquitecto González Clare— para plantear una alternativa que culminó en la construcción de la cinta costera tal como la conocemos hoy.
«Este proyecto propuesto por el MOP para la ampliación de la vía España parece fruto de la improvisación», opinó el ingeniero Orlando Acosta refiriéndose a la falta de estudios de impacto ambiental y consultas públicas.
El mismo problema ha sido señalado por el ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro, quien recientemente exigió que no se talara un solo árbol en esa avenida hasta que el MOP presentara el estudio de impacto ambiental correspondiente.
«Más que alinearse con el Pimus, el proyecto parece responder a una lógica tradicional de ampliación vial que la propia planificación urbana contemporánea ha puesto en entredicho», sostuvo Banfield.
El Pimus (Plan integral de movilidad urbana sostenible) fue elaborado entre 2015 y 2017 con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como marco de referencia para la movilidad urbana en Panamá.
El destino de la vía España trasciende el de una sola avenida. Lo que está en juego es un modelo de desarrollo urbano: si la ciudad podrá dar un giro hacia una lógica más humana, más eficiente y más sostenible.
Más que oponerse a una ampliación puntual, lo que plantean los especialistas es un cambio de enfoque. El problema no es la falta de carriles, sino la dependencia del automóvil como eje del sistema de movilidad. En ese sentido, la solución no pasa por seguir expandiendo la infraestructura vial, sino por fortalecer alternativas que reduzcan la necesidad de usar el carro: un transporte público eficiente, articulado en torno al metro, complementado por buses bien integrados, espacios caminables y opciones de movilidad activa.
Así lo planteó la urbanista Mónica Solís, quien explicó que las ciudades con mayor calidad de vida han superado la obsesión por el automóvil: «La experiencia muestra que ampliar las vías genera más tráfico en el mediano plazo. Lo acertado es concentrarse en el transporte público, la movilidad activa y una planificación urbana coherente».
En cambio, Panamá parece seguir trancada en el automóvil, respaldado por una pujante industria que introduce unos 60 mil vehículos cada año a nuestras calles. En el presente, Panamá supera el millón y medio de vehículos en circulación, sin que la red vial de la ciudad haya aumentado en la misma proporción. Las calles no crecen al ritmo de los autos. El resultado es una presión constante sobre un sistema que ya opera al límite.
«Proyectos como este lo que hacen es generar un alivio momentáneo, sin resolver el problema estructural», sostuvo el arquitecto González Clare.
En cuanto a la propuesta de construir dos carriles exclusivos para MiBus, la arquitecta Banfield señala que se trata de un modelo en la línea del TransMilenio de Bogotá, considerado en un momento eficiente, pero que hoy en día enfrenta problemas de saturación y calidad del servicio, lo que ha obligado a replantear la estrategia de movilidad de la ciudad.
«En Bogotá han llegado a la conclusión de que en lugar de estar experimentando con el transmilenio debieron haber construido un metro», apuntó Banfield, sosteniendo, además, que este ha generado efectos de fragmentación, dificultando la conexión peatonal entre ambos lados de la vía.
Para los panelistas, el metro sigue siendo el eje más sólido del sistema, aunque aún subutilizado.
«El potencial del metro depende de su articulación con otros modos de transporte y con el tejido urbano. Mejorar la última milla, fortalecer el transporte público, incorporar ciclovías funcionales y optimizar sistemas como el de semáforos puede tener un impacto significativo sin recurrir a intervenciones destructivas».
Si a esto se añade el rediseño de las estaciones del metro como núcleos urbanos activos que concentren servicios, comercio y vivienda a distancias caminables, ya estaríamos avanzando hacia una ciudad más funcional, afirma González Clare.
«Aquí lo que tenemos es un exceso de proyectos y una clara ausencia de estrategia», insistió Banfield.
«La movilidad no se resuelve por tramos aislados, sino mediante una planificación integral que articule transporte, uso de suelo, espacio público y medio ambiente. Eso es precisamente lo que plantea el Pimus».
Panamá no carece de recursos ni de proyectos. Lo que parece faltar es una estrategia que los ordene y los alinee con un objetivo común.
Panamá ya vivió este proceso. Entre 2005 y 2007, ante una propuesta igualmente cuestionada del MOP, arquitectos y urbanistas no se limitaron a oponerse: se sentaron a dialogar con la institución y de ese intercambio nació una solución distinta, la cinta costera tal como la conocemos.
Ese precedente demuestra que el diálogo técnico entre el Estado y la sociedad civil no solo es posible, sino que produce mejores resultados que la imposición unilateral.
Lo que Arbolando Panamá y los especialistas convocados este martes plantean no es un bloqueo, sino exactamente eso: una mesa de trabajo antes de que se tome cualquier decisión irreversible sobre los árboles de la vía España.
El MOP tiene la palabra.