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- 30/11/2025 00:00
La independencia de Panamá de España, proclamada el 28 de noviembre de 1821, destaca en el panorama latinoamericano por haber sido un proceso ordenado, breve y pacífico.
Frente a las guerras prolongadas y sangrientas que vivió gran parte del continente, el istmo logró separarse sin derramamiento de sangre, apoyado principalmente por el consenso de las élites comerciales, la debilidad del aparato militar español en la región y la actuación decisiva de José de Fábrega.
El militar criollo es una figura clave en este episodio histórico. Su papel se caracterizó no por la insurrección violenta ni por la retórica revolucionaria, sino por la moderación, la pragmática comprensión del contexto político y la capacidad de facilitar una transición sin conflicto. Comprender su vida y participación permite entender por qué la independencia del istmo tomó un rumbo tan particular.
José de Fábrega nació en Santiago de Veraguas en 1781, en el seno de una familia criolla de buena posición económica. Como muchos jóvenes de élite de la época, se incorporó al ejército colonial español, donde fue ascendiendo en la estructura militar. Esto le otorgó una formación sólida en táctica y administración, así como contactos dentro del sistema de poder imperial.
A diferencia de los “peninsulares” —españoles nacidos en Europa— los criollos como Fábrega vivían una tensión constante entre su identidad americana y su rol dentro del aparato colonial.
El sistema político del imperio excluía a los nacidos en América de muchos cargos y trataba a la población criolla como ciudadanos de segunda categoría. Esto generó un creciente descontento entre los sectores letrados y militares nacidos en América.
Aunque no existen evidencias de que Fábrega fuera un conspirador activo por la independencia antes de 1821, sí resulta claro que su posición como militar criollo lo acercaba a las aspiraciones políticas de los notables istmeños.
Más aún, Panamá había sido históricamente un territorio orientado al comercio y con estrechas conexiones con el resto de América; esto generaba una sensibilidad política más abierta y favorable a cambios, especialmente cuando estos representaban estabilidad económica.
Para principios del siglo XIX, el istmo atravesaba circunstancias favorables para una ruptura política con España. Por un lado, la corona se encontraba debilitada tras las guerras napoleónicas y la serie de rebeliones en toda América.
Por otro, los comerciantes panameños temían el caos que reinaba en otras regiones y buscaban evitar a toda costa una guerra en territorio istmeño, lo que habría perjudicado su vital rol como ruta de tránsito interoceánico.
La élite mercantil empezó a ver la independencia no como una vía revolucionaria, sino como un mecanismo de orden y estabilidad económica. El ejemplo de la cercana Gran Colombia, liderada por Simón Bolívar, representaba una oportunidad para insertarse en una nueva federación republicana, fuerte y relativamente estable.
Cuando comenzaron a organizarse los movimientos y reuniones que desembocarían en la proclamación independentista, Fábrega enfrentó un momento decisivo. Como representante del sistema colonial, hubiera podido optar por la represión del movimiento.
Sin embargo, sabía que las fuerzas españolas eran escasas y estaban desmoralizadas, así como que cualquier intento de represión habría provocado violencia innecesaria y posiblemente una guerra que España no tenía capacidad de sostener y que la mayoría de los sectores influyentes del istmo como comerciantes, notables, clérigos y parte del ejército favorecían la independencia.
La opción más racional era alinearse con la voluntad istmeña. El 28 de noviembre de 1821, cuando se reunió el cabildo abierto para firmar el Acta de Independencia, Fábrega respaldó la decisión del pueblo panameño, lo que permitió que la transición se hiciera de manera pacífica.
Tras la proclamación, el mismo día, Fábrega fue designado “Jefe Superior Provisorio del Estado Libre del Istmo”, una especie de jefe de Estado en transición. Este nombramiento refleja claramente la confianza que la élite depositaba en él para garantizar estabilidad.
Entre sus primeras acciones destacaron emitir proclamas para mantener la calma y evitar desórdenes, garantizar la continuidad de la administración civil y Preparar el proceso de unión a la Gran Colombia.
Fábrega consideraba que Panamá, debido a su posición geográfica estratégica y a su baja población, no podía sostenerse como país completamente independiente frente a las ambiciones internacionales. La unión con la Gran Colombia implicaba protección militar, inclusión económica y una afinidad política con el proyecto republicano de Bolívar.
El 30 de noviembre, apenas dos días después de la firma del Acta, Panamá expresó formalmente su adhesión voluntaria a la Gran Colombia, gesto que Bolívar celebró en cartas donde elogiaba la prudencia del pueblo istmeño.
José de Fábrega murió en 1841. La historia lo recuerda como un hombre de equilibrio, cuya figura permitió que Panamá transicionara de colonia a miembro de una república sin traumas ni guerras.
Su papel demuestra que la independencia del istmo no fue un estallido de violencia, sino un proceso de cálculo político donde la estabilidad, el comercio y la sensatez prevalecieron sobre las armas.
Hoy se le reconoce como uno de los padres de la independencia panameña, símbolo de una ruptura pacífica y de un liderazgo basado en el consenso.