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El plan de Trump para Cuba: negociación entre ambos países abriría economía sin desplazar a los Castro
- 10/03/2026 11:14
Las conversaciones que Washington y La Habana mantienen desde hace semanas apuntan a una apertura económica en Cuba, pero no necesariamente a una transformación política profunda. Fuentes cercanas a las negociaciones indicaron al diario USA Today que el posible acuerdo incluiría la salida del presidente Miguel Díaz-Canel, aunque garantizaría que la familia Castro continúe dentro del círculo de poder en la isla.
El entendimiento, aún sin confirmación oficial por parte de los gobiernos involucrados, representaría un cambio en el enfoque de la política estadounidense hacia Cuba. Las señales de la administración de Donald Trump apuntan más a la liberalización económica y comercial que a presionar por una transición democrática tras casi siete décadas de sistema socialista.
Esta perspectiva ha generado decepción entre sectores del exilio cubano, que esperaban medidas dirigidas a desmontar el aparato político heredado del castrismo.
Uno de los críticos más contundentes ha sido Ramón Saúl Sánchez, veterano activista del Movimiento Democracia. A través de un video difundido en redes sociales, Sánchez dirigió un mensaje directo al presidente estadounidense.
“Esa supuesta liberación es una ofensa y una humillación para el pueblo de Cuba”, afirmó.
El activista advirtió que una apertura económica sin transformaciones políticas podría terminar beneficiando al régimen sin garantizar libertades fundamentales. También cuestionó que empresas extranjeras, especialmente estadounidenses, puedan aprovechar oportunidades comerciales en la isla mientras persiste el mismo sistema político.
“No quiero morir sin ver a mi patria libre, pero tampoco verla convertida en un territorio explotado por corporaciones mientras esos mismos gobernantes siguen en el poder”, sostuvo.
Según la información difundida por USA Today, el entendimiento entre ambos países contemplaría:
Para Jorge Duany, catedrático emérito de la Universidad de Florida y exdirector del Instituto Cubano de Investigaciones, un acuerdo de este tipo implicaría un cambio relevante en la estrategia estadounidense.
“Sería un paso de una política de máxima presión hacia un modelo de negociación directa con el gobierno socialista de La Habana”, explicó.
Sin embargo, todavía no está claro qué concesiones concretas exigiría Washington antes de aliviar las restricciones económicas.
El acercamiento resulta llamativo porque contrasta con la postura adoptada por Trump durante su primer mandato. En 2017, en un acto con exiliados cubanos en La Pequeña Habana de Miami, el entonces presidente anunció la cancelación del acuerdo impulsado por Barack Obama, que había restablecido relaciones diplomáticas con Cuba en 2014.
Tras ese anuncio, su administración endureció las restricciones relacionadas con viajes, comercio y envío de remesas hacia la isla.
En ese momento, Washington condicionaba cualquier negociación a la liberación de presos políticos y avances en libertades civiles.
El actual secretario de Estado, Marco Rubio, quien durante años fue uno de los críticos más duros del acercamiento de Obama con La Habana, parece ahora respaldar una estrategia distinta.
Rubio ha planteado que el punto central de la crisis cubana es la debilidad de su sistema económico, más que el modelo político.
“Dejen de lado por un momento la falta de democracia o de libertad de expresión”, afirmó recientemente. “El problema fundamental de Cuba es que no tiene economía”.
Las negociaciones, según diversas versiones, se estarían llevando a cabo con figuras cercanas al poder en la isla, entre ellas Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, o su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”.
El posible acercamiento ha generado comparaciones entre analistas y sectores políticos. Algunos lo describen como un “Obamato 2.0”, en referencia al proceso de normalización impulsado por Obama hace más de una década.
Otros lo llaman “Cubastroika”, evocando la Perestroika soviética: reformas económicas dentro del mismo sistema político.
El giro diplomático ha sorprendido especialmente al ala conservadora del exilio cubano en Florida, así como a varios congresistas cubanoamericanos que durante años defendieron una política de presión total para lograr el colapso del castrismo.
Para el académico Jorge Duany, la reacción refleja una fractura dentro de la comunidad cubana en el exterior.
“Históricamente, los líderes más conservadores del exilio han mantenido una posición intransigente frente a cualquier diálogo con el gobierno socialista”, explicó.
Mientras algunos ven con esperanza la posibilidad de cambios económicos antes de que termine el año, otros consideran que el enfoque pragmático de Washington no garantiza el fin del socialismo ni la instauración de una democracia en la isla.