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Sánchez desafía presión de Trump y revive el lema pacifista que marcó la política española
- 04/03/2026 09:24
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, volvió a colocar el pacifismo en el centro del debate político al recuperar el histórico lema “no a la guerra”, una consigna que marcó a la izquierda española durante la invasión de Irak en 2003. Más de dos décadas después, el mandatario utilizó esa misma expresión para fijar la posición de su Ejecutivo frente a la escalada militar impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
En una declaración institucional desde el Palacio de La Moncloa, Sánchez dejó claro que España rechaza el uso de la fuerza como vía para resolver conflictos internacionales. El jefe del Ejecutivo sostuvo que la postura española es coherente con la que su gobierno ha defendido en otros escenarios recientes como Ucrania o Gaza: preservar el derecho internacional y apostar por soluciones diplomáticas.
“El mundo ya vivió algo similar hace 23 años”, recordó el dirigente socialista al referirse a la invasión de Irak liderada por Washington. Según Sánchez, aquella guerra provocó consecuencias devastadoras, entre ellas un incremento del terrorismo internacional, crisis migratorias y una profunda inestabilidad económica. Para el presidente, aquel episodio dejó como herencia “un mundo más inseguro”.
El mandatario subrayó que su gobierno condena el régimen iraní encabezado por los ayatolás, pero insistió en que ese rechazo no implica respaldar una ofensiva militar. En su opinión, la única salida sostenible al conflicto es el diálogo diplomático.
Sánchez también lanzó un mensaje indirecto hacia la administración de Donald Trump, que ha amenazado con represalias comerciales contra España tras su negativa a respaldar la operación militar. El presidente afirmó que su país no actuará por miedo a presiones externas. “Pensar que la violencia resolverá este conflicto es ingenuo”, sostuvo, defendiendo que seguir automáticamente la estrategia de otros gobiernos no significa ejercer liderazgo.
En su discurso, el jefe del Ejecutivo español aseguró además que su postura no es aislada. Según explicó, millones de ciudadanos en todo el mundo comparten la defensa de la paz, el respeto al derecho internacional y los valores recogidos en la Constitución española, la Unión Europea y la Carta de las Naciones Unidas.
La intervención fue cuidadosamente preparada y se realizó sin presencia de periodistas ni espacio para preguntas. Con ella, Sánchez buscó responder tanto a las críticas de la oposición española como a la presión internacional, evitando mencionar directamente a Trump o entrar en confrontaciones personales.
El presidente también respondió a quienes intentan situar a su gobierno del lado de Teherán. Sánchez reiteró que nadie en España apoya al régimen iraní, pero recordó que el rechazo a un gobierno no justifica respaldar una guerra. Para ilustrarlo, evocó la posición mayoritaria de la sociedad española en 2003: oposición al régimen de Sadam Husein, pero también a la invasión militar.
El líder socialista advirtió además que los conflictos armados suelen perjudicar a las poblaciones más vulnerables mientras benefician a industrias vinculadas a la guerra. A su juicio, los enfrentamientos militares no traerán mejoras sociales ni económicas, sino mayor inestabilidad global.
Ante la posibilidad de que el conflicto se prolongue, el Ejecutivo español comenzó a preparar medidas para proteger a la población y a sus ciudadanos en el exterior. Entre ellas se incluyen planes de evacuación y mecanismos para reducir los posibles efectos económicos derivados de la crisis internacional.
Sánchez concluyó su mensaje con una advertencia histórica. Recordó que, cuando se preguntó al canciller alemán cómo había comenzado la Primera Guerra Mundial, este respondió que no lo sabía con certeza. Para el presidente español, esa frase ilustra cómo las grandes tragedias globales pueden surgir de errores de cálculo. “No podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas”, señaló.
Las tensiones diplomáticas se intensificaron después de que el Gobierno español rechazara que Estados Unidos utilizara las bases militares conjuntas de Rota y Morón para operaciones vinculadas al ataque contra Irán. La decisión provocó una dura reacción de Trump, quien amenazó con imponer un embargo comercial y romper relaciones económicas con España.
Desde Madrid, el Ejecutivo respondió que cualquier medida de ese tipo debería respetar los acuerdos existentes con la Unión Europea y las decisiones de las empresas privadas. Mientras tanto, España insiste en mantener una posición independiente dentro de la OTAN y la UE, defendiendo que un aliado fiable también tiene derecho a discrepar.