- 25/06/2026 15:27
‘Ya no sé cuántos muertos hemos sacado’: Venezuela reclama falta de ayuda del gobierno y maquinaria tras el terremoto
La montaña de concreto apenas supera unos metros de altura. Bajo ella, una mujer sabe que está su hermana.
No pide explicaciones. No pregunta cuánto tardarán los equipos de rescate. Solo repite una frase una y otra vez, con la desesperación de quien siente que cada segundo puede marcar la diferencia.
“¡Una máquina, por favor! ¡Necesito una máquina! Mi hermana está ahí abajo”.
A pocos metros, un hombre permanece inmóvil junto a tres cuerpos cubiertos con mantas. Acaricia uno de ellos sin pronunciar una sola palabra. Nadie ha llegado todavía para trasladarlos a la morgue. Han pasado casi 18 horas desde que dos terremotos sacudieron Venezuela y, en varios sectores de La Guaira, los vecinos siguen esperando no solo maquinaria pesada, sino también agua, cuerdas, rescatistas y cualquier ayuda que les permita encontrar a quienes continúan atrapados.
La Guaira, declarada zona de desastre tras el doble sismo del 24 de junio, vive una de las jornadas más dolorosas de su historia reciente. Mientras el balance oficial continúa aumentando, la tragedia tiene un rostro mucho más cercano: madres que llaman a sus hijos entre los escombros, vecinos cavando con sus propias manos y familias que abandonan lo poco que lograron rescatar de sus hogares.
En las calles del litoral venezolano ya casi no se distinguen las avenidas de los montículos de concreto. Donde antes había edificios, ahora quedan montañas de hierro retorcido, columnas fracturadas y polvo.
Las labores de búsqueda avanzan, pero en muchos sectores han sido los propios habitantes quienes asumieron la tarea de intentar salvar vidas.
Sin maquinaria especializada, utilizan machetes, martillos, palancas, gatos hidráulicos para automóviles e incluso sus propias manos para remover escombros.
Cada sonido obliga a detenerse.
Cada silencio aumenta el miedo.
En Catia La Mar, uno de los sectores más afectados, decenas de familias llevan horas buscando a sus seres queridos. Muchos aseguran que la presencia oficial de equipos especializados sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del desastre.
“Aquí nadie ha venido”, repetían con desesperación residentes del Urbanismo Hugo Chávez, donde cientos de familias permanecen desde la noche del terremoto durmiendo sobre las aceras por temor a nuevas réplicas.
Edificios que quedaron en pie... pero dejaron de ser habitables
Aunque algunas torres no colapsaron por completo, el interior cuenta otra historia.
Las estructuras quedaron convertidas en una mezcla de metal retorcido, paneles desprendidos, tuberías rotas y viviendas completamente destruidas.
“Todas las torres están afectadas”, relata Germania Vallera, defensora de los derechos de la niñez y residente del complejo habitacional.
Mientras habla, no puede contener el llanto.
“Ya no sé cuántos muertos hemos sacado. Todavía queda mucha gente bajo los escombros.”
Su esposo y su hijo lograron sobrevivir.
Muchos de sus vecinos no tuvieron la misma suerte.
”Cuando salí ya estaba en el segundo piso”
Para algunos sobrevivientes, escapar significó desafiar cualquier lógica.
Jesús Bonasil vivía en el décimo piso de uno de los edificios del Urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi.
Recuerda haber sentido cómo la estructura comenzaba a desmoronarse desde abajo.
Un muro cayó sobre la lavadora de su apartamento.
Ese impacto abrió el único espacio por donde pudo escapar.
“Cuando salí ya estaba a la altura del segundo piso. Todo lo demás había quedado abajo”, cuenta todavía incrédulo.
También logró rescatar a su madre y a su perro.
No todos corrieron la misma suerte.
Durante toda la noche, Jordi Arévalo y otros vecinos intentaron llegar hasta Dana, una niña de 11 años atrapada entre los restos del edificio.
La escuchaban pedir ayuda.
Sabían exactamente dónde estaba.
Pero el espacio era demasiado estrecho para alcanzarla.
“Anoche la escuchábamos pidiendo auxilio”, recuerda.
Las horas pasaron.
La voz dejó de escucharse.
Los vecinos comprendieron que ya no podían hacer nada más.
Muy cerca, la madre de la menor permanecía abrazada a otro de sus hijos, el único que consiguió salir a tiempo.
Dana terminó convirtiéndose en una de las víctimas mortales de la tragedia.
Como ella, decenas de niños permanecen entre los desaparecidos mientras sus familias continúan llamándolos desde el exterior, con la esperanza de escuchar una respuesta imposible.
El terremoto no solo destruyó edificios.
También reabrió heridas que muchos creían cerradas desde el devastador deslave de 1999.
Numerosos residentes de La Guaira ya habían perdido entonces sus viviendas y, años después, fueron reubicados en urbanismos construidos por el Estado.
Hoy vuelven a quedarse sin hogar.
Migdalia Izaguirre contempla la nevera que logró rescatar mientras permanece sentada sobre la acera.
Trabajaba como camarera en una posada que también quedó destruida por el terremoto.
Su mayor miedo no son las réplicas.
Es regresar a un refugio.
“Yo ya viví en carpas. Ya pasé por refugios. Tuve que luchar para que me entregaran esta vivienda... y ahora la perdí otra vez”, lamenta.
Muy cerca, Sofía Córdova sostiene su muñeca lesionada con una improvisada venda. El terremoto no la sorprendió en su apartamento, pero sí destruyó por completo tanto su vivienda como la pequeña bodega que representaba el sustento de su familia.
“Todo el sacrificio que uno hace para tener sus cosas quedó en nada. Es muy difícil empezar otra vez desde cero”, dice entre lágrimas.
Las autoridades venezolanas reportan al menos 250 edificios colapsados en La Guaira y 188 personas fallecidas en todo el país, aunque las cifras continúan en aumento conforme avanzan las labores de búsqueda.
Mientras los equipos de rescate trabajan contra el tiempo, miles de venezolanos enfrentan una realidad marcada por la incertidumbre.
Algunos esperan noticias de un familiar.
Otros buscan recuperar una fotografía, un documento o cualquier recuerdo que sobreviviera al derrumbe.
Y muchos, simplemente, esperan escuchar un golpe bajo los escombros que les devuelva la esperanza de encontrar a alguien con vida.
Porque, en La Guaira, el terremoto terminó en menos de un minuto.
Pero para quienes aún siguen buscando a sus seres queridos, la tragedia continúa.