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23 de Jan de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

La lección de ayer

‘Panamá ganará sin tanta confrontación y con más discusión democrática’.

A pesar de todos los vaticinios en contra, la elección de ayer fue una fiesta democrática. Lo hice temprano acompañado de mi nieta Maya de 14 años, quien en las próximas votará por primera vez. Tremendo aprendizaje para ella, quien además respondió a pregunta que le hizo un reportero de TV al salir de la escuela. Me sentí un abuelo muy orgulloso

Aunque al momento de escribir estas líneas se desconoce el resultado electoral, lo cierto es que se pueden obtener lecciones muy importantes de lo ocurrido ayer.

En mis 51 años de ajetreo político jamás había visto tantos abusos gubernamentales para favorecer su candidato. Descarado, desde el presidente de la República hasta las demás instancias del poder público. Pareciera que nunca entendieron el verdadero valor de lo que es la democracia .

En esta sexta elección desde 1989, el país ha podido percibir el concepto que algunos tienen del poder público, muy parecido a aquel que tenían los militares: el poder es para mantenerlo a como dé lugar; bien tontos aquellos que teniéndolo se lo dejan arrebatar. Se olvidaron de que lo público es de todos y no de algún partido y menos de una persona. Ojalá que todos los casos de enriquecimiento ilícito de funcionarios sean debidamente investigados y sancionados.

Luego del proceso electoral es preciso establecer lo que el país necesita para el próximo quinquenio, a fin de mantener no solo el envidiable crecimiento económico que tenemos, sino de proveernos de más equidad social y de la institucionalidad, que desafortunadamente nos ha faltado desde que Ricardo Martinelli asumió la Presidencia el 1 de julio de 2009. Lo más vital es que el nuevo presidente se percate de la necesidad de conformar un gobierno de unidad nacional, integrado por los mejores, con el único objetivo de relanzar una cruzada de reconstrucción nacional, no solo en lo político sino en lo social y lo económico.

Necesitamos de controles, no solo en la Contraloría General de la República, sino en la Asamblea Nacional, ambas completamente sumisas al Ejecutivo en estos cinco años. Debemos propiciar el control ciudadano, alentando su participación en la vigilancia de los asuntos del Estado. Requerimos de un Órgano Judicial independiente y prístino, donde sea más importante la ley que la conexión de un abogado.

En la construcción de ese nuevo Panamá debemos alentar la Convocatoria de una Constituyente para sentar las bases de la República a que aspiramos vivan nuestros descendientes y en donde impere la justicia social y se respete la dignidad humana de los panameños. En este proceso deben participar todas las fuerzas del país, porque todos tendrán algo que aportar

Panamá debe retomar su rol de liderazgo a nivel internacional, convirtiendo nuestra posición geográfica en punto de convergencia para todos en el Continente y en el mundo entero. Este papel se jugó en momentos importantes de la paz centroamericana y cuando recuperamos el Canal.

Lo más decisivo que se tendrá que afrontar es el reto que la mala educación nacional nos presenta. Sin educación de calidad, sin educación integral y con un rumbo definido, estamos llamados a estancarnos.

Panamá ganó el 4 de mayo. Por ello también ganó la democracia. Ojalá que la primera lección que asuman los políticos criollos es que se requiere de mayor calidad y experiencia, no solo en las propuestas y planes electorales, sino en la preparación de los candidatos.

Los políticos de antaño ya pasaron de moda. Debemos alentar la creación de una clase política más responsable y comprometida y menos apegada a lo material y pasajero, que es lo que terminó de hundir a la clase gobernante actual.

Panamá ganará sin tanta confrontación y con más discusión democrática.

ABOGADO