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23 de May de 2022

  • Angélica M. Guadamuz

Columnistas

Adiós al dictador

"El pintor panameño Antonio Madrid fue uno de los que por esas fechas (crisis previa a la invasión) se marchó a los Estados Unidos"

En diciembre de 1989, Panamá se vistió de tristeza, mientras el cielo se llenaba de aviones y helicópteros para derrocar al entonces hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega. El dictador, experto en contrainteligencia y que había estado en las filas de la CIA, saboreaba ahora en carne propia el amargo sabor de ser el perseguido. La operación Causa Justa tenía varios objetivos, derrocar al hombre fuerte de Panamá, acabar con las alianzas de Pablo Escobar y Noriega, involucrados en el tráfico de droga y en el blanqueo de dinero, y destruir definitivamente las fuerzas de defensa de Panamá; su captura se llevó a cabo no sin antes provocar un auténtico caos, sumergir al país en una grave crisis económica y social, y dividir a la nación.

Ante la incertidumbre de la crisis previa a la invasión, muchos panameños emigraron o se exiliaron en el exterior, la zozobra se podía sentir en todos los sectores de la sociedad. Han pasado 25 años desde la invasión y todavía no hay una cifra oficial de los muertos y heridos.

El pintor panameño Antonio Madrid fue uno de los que por esas fechas se marchó a los Estados Unidos, a la Florida concretamente. Allí vivió a la distancia la lenta descomposición del país. Para vivir dictaba clases de pintura y vendía sus obras. La idea de un Panamá permanentemente gobernado por militares era impensable, pero no se vislumbraba un salida que acabara con los Gobiernos tutelados por las fuerzas militares que tuvimos desde 1969 a 1989. Todo ese pasado verde olivo, de bota militar, toda esa arrogancia de omnipotencia y hartazgo de poder que ahora nos parece lejano, quedó plasmado en la pintura de Madrid.

Su obra Sobre el tema de ritos y ofrendas es una crítica mordaz a la dictadura militar en la que el artista plasma todo el sentimiento que tenía que gritar sobre los militares. En este caso, el maestro Madrid emplea la pintura como catarsis de todo lo vivido durante el deterioro de la dictadura que acabó con la invasión de 1989.

Sobre el tema de ritos y ofrendas, pintado en 1995, es una reflexión sobre la dictadura militar y la sociedad panameña. La obra simboliza la ruptura entre la sociedad y el poder, y entre el reducido número de panameños que se mostraba a favor de Noriega y el resto de la nación.

A la derecha, una figura grande inspirada en la iconografía de la cultura Barriles, simboliza la sociedad de Panamá, llena de luz y esperanza, y lleva en sus brazos un cuenco precolombino lleno de marañones, mangos y frutas, mientras derrama nances maduros a su paso a modo de oro, como una alegoría a su gente y a su tierra. Una cinta de pita, la que se utiliza para hacer los sombreros en el interior del país, rodea su cuerpo y su cuello, oprimiéndole la garganta.

La cruzada civilista, que luchaba para derrocar a Noriega, fue acusada por los simpatizantes de Noriega de ser promovida y financiada por los Estados Unidos. El hombre fuerte de Panamá respondía a los civilistas con plata, palo y plomo: ‘A mis amigos plata, a los enemigos palo y a los traidores plomo’.

A la izquierda del lienzo aparece una figura pequeña que representa a Noriega como un ave de rapiña ayudándose de un pedestal para elevar su escasa estatura. Sus patas son las de un águila, un animal que en muchas civilizaciones es sinónimo de poder. Esta figura está vestida de diablo sucio y mira nervioso a la sociedad, que aguarda con esperanza a que emprenda el vuelo y emigre.

Antonio Madrid es un pintor que pertenece a su tiempo y en cuya obra se refleja la historia que tuvo que vivir. Es un artista que en silencio vivió la represión militar.

Esta obra es una reflexión, es un grito en silencio, convencido de que en las armas y en la fuerzas no está el destino del país. Es su despedida a los militares, es su adiós al dictador.

*CURADORA DE ARTE.