Temas Especiales

21 de Oct de 2020

Juan Luis Correa E.

Columnistas

La mesa está servida

Aquí se encontrarán personajes que creen en la democracia y muchos otros que la quieren acabar

Llegó la hora cero y la ciudad de Panamá está lista y preparada para atender a la gran cantidad de ciudadanos, diplomáticos, funcionarios y líderes de los diferentes países que vienen a participar de la VII Cumbre de las Américas. Y es que este, no será un encuentro cualquiera. La mesa está servida para presenciar un evento histórico, marcado, sin duda alguna, por la participación de Cuba que asiste por primera vez y que a la luz de la apertura de las relaciones con los Estados Unidos dejará su huella para el registro de la historia de ambos países y de toda la región.

Lo significativo de esta Cumbre es la pluralidad ideológica de sus participantes. Aquí se encontrarán personajes que creen en la democracia y muchos otros que la quieren acabar. Habrá gente de izquierda, tanto radicales como moderados y lo mismo podríamos decir de aquellos representantes de la derecha, ya sean estos de pensamiento liberal, como conservador. La sociedad civil estará ampliamente representada, con el objetivo de fomentar el diálogo y la participación ciudadana como mecanismo indispensable para fortalecer la democracia. Los grupos representativos de la juventud discutirán sobre los retos que enfrenta nuestra América en el futuro inmediato. Los sectores populares también tendrán su cumbre paralela y nuestros representantes originarios han denominado su encuentro ‘Defendiendo el futuro de nuestras naciones’ y con ello pretenden atender los temas relacionados con la discriminación de sus pueblos y revisar los conflictos que generan los grandes proyectos de infraestructura de la región, como bien podrían ser las hidroeléctricas, la minería y la deforestación. Los empresarios participarán en un Foro para revisar el rol que debe desempeñar el sector privado en el desarrollo y analizar las oportunidades de inversión en la región. Por su lado, los rectores de más de 400 universidades destacarán el papel importantísimo de la educación como elemento primordial para garantizar el desarrollo sostenible de nuestros países.

Es fundamental destacar que bajo el lema de ‘Prosperidad con Equidad’, la Cumbre pretende analizar la situación política, social y económica de la región que ha estado marcada por una triste y dura realidad. Es un fenómeno harto conocido, que adquiere cada vez más relevancia y que, para muchos, requiere atenderse con seriedad, prontitud y mucha responsabilidad. De lo contrario, podríamos estar poniendo en peligro los cimientos de nuestras democracias. Me refiero al viejo y eterno problema de la desigualdad imperante en Latinoamérica.

Para nadie es un secreto que en la mayoría de nuestros países el conjunto de la sociedad, tanto los que nos gobiernan como los gobernados no hemos sido capaces de encontrar una solución eficiente, duradera y sostenible para atacar las grandes desigualdades que agobian a nuestra región. Y en esta Cumbre debemos, por lo menos, aspirar a que los debates nos permitan señalar las posibles soluciones con la esperanza de encontrar el camino que pueda mitigar, de una vez por todas, este flagelo que tanto daño nos hace.

Pareciera ser que el único camino es lograr que nuestros Gobiernos sean más buenos y mejores, pero sobre todo eficaces. Es decir, que puedan lograr los resultados que esperan los ciudadanos que los llevan al poder. La clase política debe comprender que la gente exige que sus gobernantes actúen con responsabilidad. Que se dediquen a garantizar que todos los servicios públicos funcionen, y que cumplan con sus planes de Gobierno. Que respeten los derechos humanos. Que controlen el gasto público y el costo de las múltiples inversiones sectoriales. Que entiendan que hay que combatir la burocracia y acabar con la corrupción. Que hay que velar por la separación de los poderes y por la independencia de nuestros jueces. Que la gente quiere Gobiernos abiertos, participativos y que sepan atender las necesidades más apremiantes de sus ciudadanos. Que actúen con transparencia y acepten que, en el ejercicio del poder, hay que someterse al escrutinio del público. Y por eso, se necesitan medios de comunicación independientes y leyes que garanticen las libertades de opinión y de expresión como mecanismo indispensable para la consolidación de un verdadero Estado de derecho.

Como todo en la vida, hay algunos pesimistas que critican este tipo de cumbres, bajo la premisa de que se habla mucho y se hace poco. Con la atención del mundo centrada en Panamá, abrigamos la esperanza de que se fomente el debate y se profundice la discusión. El tiempo se agota y los ciudadanos de América necesitan respuestas. Ojalá que en esta Cumbre las podamos encontrar.

ECONOMISTA