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23 de Oct de 2019

Diógenes Ameth Moreno Palma

Columnistas

CSJ: UMIP en riesgo de zozobrar

La Ley Orgánica de la UMIP establece claramente que el rector debe escoger a sus autoridades mediante votación libre

La Ley Orgánica de la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) establece claramente que el rector de esta casa de estudios superiores en carreras marítimas y logísticas, debe escoger a sus autoridades mediante votación libre, democrática y ponderada. Pero, igual que la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que tiene como máximo cuerpo rector a su Junta Directiva, el régimen de gobierno de la UMIP tiene su Consejo Superior (CS) (Art. 10) como ‘el máximo órgano de consulta y decisión'.

El CS que regía bajo el Gobierno de Ricardo Martinelli convocó a elecciones para rector y decanos el 22 de abril de 2014 y, en cumplimiento de ese mandato, el rector provisional, Víctor Luna, integró a su conveniencia el Comité Electoral Universitario (CEU) responsable de organizar el proceso. Aprovechando el poder que le otorgaba el cargo, antes de retirarse para aspirar a la reelección, creó las condiciones propicias para favorecer su candidatura. Fue así como este comité se dedicó a manipular el proceso y a ignorar las denuncias de otros aspirantes —incluyendo prácticas de clientelismo como nombramientos y ascensos a los allegados a Luna. Frente a las abrumadoras irregularidades, el CS resolvió suspender el proceso electoral.

Luna ignoró la autoridad legal y reglamentaria del CS y decidió seguir con el proceso electoral amañado. Para hablar en los términos hípicos que domina el exrector, el organismo electoral se convirtió en un ‘caballo desbocado' que se dirigía hacia un fin: la materialización de la reelección de Luna. Consumado el ilegal hecho, mediante Resolución No. 006-14 de noviembre de 2014, el CS decidió separar a Luna del cargo por violar el Art. 29 de la Ley Orgánica, que lo obliga a ‘velar y cumplir o hacer cumplir la Ley, el Estatuto Orgánico, los reglamentos y las decisiones de los órganos de gobierno de la UMIP'.

En aquel proceso, en mi calidad de ingeniero náutico y docente universitario de muchos años, sometí mi candidatura a rector de la UMIP, pero muy rápidamente pude percibir los sesgos y fallas. Pude apreciar que el entonces rector Luna mantuvo las manos metidas en el proceso, a pesar de que como rector se había separado para participar en las elecciones. Eso fue tan evidente, y los testimonios tan abrumadores, que al CS no le quedó otra alternativa que separarlo del cargo para, una vez creadas las condiciones propicias, convocar a una nueva elección.

Tras su separación por el CS, y asesorado por sus abogados, Luna interpuso un amparo de garantías constitucionales ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Por ello me sorprende que ahora que la UMIP pareciera enrumbarse hacia el cumplimiento de su misión, para estar en sintonía con la Estrategia Marítima y Logística del país, se haya filtrado a algunos medios la existencia de un borrador de fallo que devolvería a Luna al cargo de rector. No me cabe en la cabeza qué argumentos utilizaría la CSJ para ello, pues —hasta donde me han informado algunos juristas—, lo actuado por el CS se enmarcó dentro de sus facultades legales y reglamentarias.

Semejante aberración legal hundiría a la UMIP en una crisis que ya se había comenzado a superar. Incluso, la UMIP ya había hecho algunas designaciones claves para sacarla del abismo en que la sumió la pasada administración, en la que pulularon los escándalos y se bajó el nivel académico.

Lo que está a punto de ocurrir con la UMIP me lleva a hacer una analogía con el histórico accidente del famoso buque de pasajeros Titanic, diseñado ‘contra todo riesgo' en su época, cuando se hundió luego de colisionar contra un iceberg cerca de la medianoche del 14 de abril de 1912 en el Atlántico, frente a la costa de Terranova durante su viaje inaugural de Southampton, Inglaterra, con destino a Nueva York. A consecuencia de ello fallecieron 1512 personas, convirtiendo esa en la mayor catástrofe marítima hasta entonces.

En el caso del Titanic, en las investigaciones se conoció que el vigía pudo divisar el enorme témpano apenas a unos 500 m de distancia. En el caso de nuestra Universidad Marítima, hemos detectado la potencial catástrofe justo a tiempo para que no se materialice el perjuicio. Ya la anterior administración le había hecho un grave daño, pero las fisuras y los correctivos se han venido haciendo, pese a que aún perviven en su seno algunos de los responsables de su deterioro. Confiamos en que no se repita el desastre, y que la CSJ actúe con responsabilidad histórica evitando un error que terminará perjudicando, no solo a los estudiantes de ese centro de enseñanza superior sino al desarrollo marítimo y logístico del país.

INGENIERO NÁUTICO Y PROFESOR UNIVERSITARIO.