Temas Especiales

02 de Dec de 2020

Dorindo Jayan Cortez

Columnistas

Un PRD confrontado, pero unido

El contexto político exige del esfuerzo extraordinario de su dirigencia, donde se extingan las pasiones poco productivas

En el Partido Revolucionario Democrático (PRD) se vive una coyuntura muy esencial, determinante, para su fortalecimiento (o debilitamiento, según sea la conclusión de esta historia). Ya fueron electos los delegados (4200 en total). Ahora, en la fase de los congresillos, se hacen los preparativos para la elección del Consejo Ejecutivo Nacional. Si algo requerimos, para retomar el camino del éxito, es confrontar ideas, aspiraciones, pero sin que se ponga en riesgo la necesaria unidad que requiere el colectivo.

El contexto político exige del esfuerzo extraordinario de su dirigencia, donde se extingan las pasiones poco productivas; hay que poner por delante los intereses colectivos y reducir los individualismos. En la visión PRD-2019, el individualismo no cabe, porque hace daño. Tendrá que imaginarse lo que le depara al partido en ese corto camino, de poco menos de tres años, lleno de obstáculos y de oportunidades. Hay que trabajar en el proceso de recuperación del poder político y, a partir de aquí, consolidar una administración del Estado que esté sustanciada en las exigencias del mundo de hoy. Y que haga cierto aquello de que ‘cuando el PRD gobierna, al pueblo le va mejor '.

Ahora bien, concitar los intereses nacionales exige, primero, superar lo que podría desgarrar al colectivo. Y por más diferencias que existan, los motivos no son suficientes para impedir acuerdos que unifiquen. La historia enseña que el PRD ha sabido sobreponerse a las peores dificultades y presentarse como la alternativa para el país. Y no hay, hacia futuro, razón alguna para que esto no se repita, salvo que la dirigencia le dé la espalda a la realidad y no crea en los idearios de la unidad, de las consultas, de las alianzas con el pueblo; son estos los verdaderos resortes para la fortaleza del partido.

La historia enseña que los niveles de diferencias internas, y hasta las confrontaciones no superadas, han devenido como las limitantes principales para la concreción de los elevados objetivos del colectivo. Por eso, en el marco de los valores, hay que apostar a la unidad partidaria y no como concepto idílico, sino como un espacio estratégico que supere las adversidades. Porque desde ‘ese valor agregado ' se fortalecen cuatro componentes básicos de la política: (1) el liderazgo del colectivo, (2) la solidez de su dirigencia, (3) la certeza de las bases de que ‘ahora sí vamos caminos al triunfo '; y, (4) la confianza en la población de que el PRD es el llamado a gobernar.

Un ejemplo ilustra lo aquí planteado. Después de la invasión genocida que mató panameños, asistimos a dos tendencias: primera, una realidad totalmente adversa al PRD; segunda, una percepción anti-PRD. Respecto a lo primero, había un partido disperso, atomizado, con dirigentes encarcelados, debiluchos en la Asamblea Legislativa y en el resto de los espacios políticos. Y, respecto a la ‘percepción ', había el sentir generalizado de que el PRD tendría que esperar mucho tiempo para acariciar el poder; y que en el periodo siguiente (el de 1994), ‘ni pensarlo '.

La historia muestra resultados. En 1994 el PRD, con el Dr. Ernesto Pérez Balladares, ocupa el poder del Estado. Diez años después, con Martín Torrijos, se regresa al Palacio de las Garzas.

Ahora, transcurridos diez años, no digamos que llegó la hora de eliminar diferencias, muchas veces legítimas, pero aceptemos que sí llegó la hora de concertar en aquellos puntos que son básicos, si no esencialísimos, para proponer al país el liderazgo que la población exige: un buen Gobierno.

DIPUTADO DEL PARLACEN.