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28 de Mar de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Tal vez se aproxima la hora

No importa a qué evento se van a referir para exponerlo conjuntamente con otros hechos que ocurrieron durante el mismo hilo de tiempo

Tal vez se aproxima la hora
Tal vez se aproxima la hora

En pleno siglo XXI, cuando pensamos que en el ejercicio de la conducción de las cosa pública no debiera haber más que transparencia, existen personas que insisten en maniobrar en la oscuridad y bailar sobre los límites que ponen en peligro la integridad de la sociedad. Ambos lados, Gobierno y oposición, deben gobernar con el mejor de los juicios. Gobernar debe ser un acto de honestidad, modestia y de la más alta tolerancia. Se debe actuar siempre con el más alto respeto a los pueblos y a sus integrantes. Nadie (persona, político, Gobierno, régimen o partido político) tiene la autoridad de usar las necesidades más básicas de las personas, para su beneficio personal. Lo de los dineros para el deporte entristece, no por los afectados, sino por lo indigno de lo actuado y por lo miserable que somos por elegir a estos malandrines.

Siempre reflexiono sobre el retrato que estamos dejando para el futuro y entonces recuerdo que poco se hace para documentar los hechos o poco se hace para preservar la información que se tiene. El marco es el siguiente: a finales de la segunda década del siglo XXI, no hay una conciencia clara ni es considerado objetivo primario y de importancia preservar la documentación que retrata el país en este capítulo de su historia. Si conversan con los profesionales que se ocupan de estos menesteres, tendrán respuestas parecidas.

Hace un tiempo, en un artículo titulado ‘Nota para historiadores', señalé que la documentación histórica de un hecho no se constriñe a la recopilación de una pila de documentos considerados oficiales, escritos y preparados, editados y reformulados por burócratas institucionales a quienes se les ha asignado la tarea. Los hechos históricos, para entenderlos y poder tener una visual y una comprensión lo más confiable posible de cómo se llegó a una situación o decisión en particular… o de cómo se dio o llevó a cabo un suceso en su justa dimensión y magnitud, deben contar con las notas al margen de uno o varios observadores, acuciosos y celosos de puntualizar —casi fotográficamente y en su más íntimo detalle— todo un panorama.

Quien escriba la historia de estos tiempos tendrá muchos problemas en transcribir de una manera axiomática y convincente para las futuras generaciones, los hechos tal cual ocurrieron. No importa a qué evento se van a referir para exponerlo conjuntamente con otros hechos que ocurrieron durante el mismo hilo de tiempo. Las fuentes primarias y secundarias no son de fiar. En la mezcla de fuentes confiables, los medios de comunicación, por ejemplo, se han convertido en parte de la historia. Hace décadas, los diarios constituían una fuente irrefutable de información. Sus periodistas y editores guardaban celoso respeto por su oficio.

Muchos de los acontecimientos que crean dudas, ocurren en las esferas oficiales en complicidad con sectores de la empresa privada. En este país, esas esferas se amalgaman y, para el registro histórico, es difícil detallar rápidamente dónde va cada cosa. El relato histórico se convertiría en una mezcolanza de intereses cruzados que expondría los secretos de más de cuatro bellacos. Es más fácil no documentar para que haya páginas en blanco.

Para los que sí nos interesa el pasado histórico, este presente doloroso que vivimos y el futuro incierto de este país, la falta de programas estructurados de documentación histórica, la protección y preservación del registro documental o la destrucción de documentos de importante valor, siempre hará monumental el trabajo de reconstruir un evento para estudiarlo y darle forma… para que sea comprehendido, para que nos favorezca o condene en el futuro.

La tan cacareada transparencia institucional no es tanta. Y en estos tiempos, con tanta tecnología disponible, se debe superar el trabajo realizado alrededor del mundo que nos ha permitido entender, conocer y seguir estudiando la historia humana desde sus variadas perspectivas. Aquí, en esta tierra nuestra, la documentación histórica, la captura y preservación del registro histórico, debe servir de plataforma para que los mismos males de la corrupción y la indiferencia que experimentamos con este tema, no sigan siendo parte de nuestra realidad.

Pero tal vez se acerca la hora que nos recuerda el ‘Canto a la Bandera' de Gaspar Octavio Hernández: ‘… desciende al Istmo convertida en fuego y extingue con febril desasosiego…' y borrón y cuenta nueva: ¡comencemos de nuevo!

COMUNICADOR SOCIAL.