• 14/02/2023 00:00

¿Por qué preocupa tanto Panamá?

“[...] muchos confiamos (que) puede ocurrir, (que) (emerja) una fuerza independiente ajena a los intereses que nos han consumido en las últimas décadas que nos enrumbe por senderos de decencia y honestidad, demostrando que esos valores pueden ser rescatados”

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En su reciente visita a Panamá, el exalcalde de Caracas, Antonio Ledezma, se fue muy preocupado sobre el futuro de nuestro país. Es la misma conclusión a la que llegamos quienes observamos de cerca nuestra situación política.

Desde hace 47 años, cuando viajé por primera vez a la capital venezolana para asistir a seminarios en el Instituto de Formación Demócrata Cristiana (Ifedec), me he interesado por la política internacional y sus implicaciones para nuestro país. Ello me hace conversar con muchos de esos amigos afuera acerca de nuestros problemas y los que afrontan ellos en sus respectivos países.

Entre los observadores de nuestra realidad, existe mucha preocupación por lo que nos pasa. Las embajadas, organismos internacionales y las ONG aquí acreditados también analizan los acontecimientos cotidianos de la política criolla y hacen evaluaciones del país adentro y afuera.

No es para menos. Estamos rodeados de candela pura. En nuestra frontera sur vemos cómo Colombia sigue desangrándose entre las guerrillas y el narcotráfico, aupado en ambos sentidos por la narcotiranía venezolana que tiene como vecina al corrupto presidente “izquierdista” que acaba de asumir el poder en Brasil. Por el norte una Costa Rica, cada vez más penetrada por el narcotráfico, asediada por el criminal régimen Ortega-Murillo, que perturba su desarrollo pacífico. A eso habría que añadirle el peligro que sigue significando Cuba para el Caribe y el continente y la influencia de Irán, China y Rusia en todo ese entorno.

Lo que ven aquí es tétrico. Los escándalos de corrupción se suceden con tanta frecuencia que el de la semana corriente sepulta al de la semana anterior. Los gobernantes parecieran preferir un estado de anarquía permanente en el manejo de la cosa pública, porque así se les permite un menor control de lo que lo hacen. No hay Contraloría, no hay justicia, no hay Fiscalía Electoral ni certeza del castigo. Nada detiene a los que desde el Gobierno actúan al margen de la Constitución y la Ley. No hay entidades con capacidad para controlar la corrupción y menos para impedir se siga proliferando el lavado de dinero.

¿Acaso creen que nadie se da cuenta de que Panamá se maneja como a control remoto? Donde todos hacen lo que les da la gana y donde cada entidad pública es un reino aparte de la otra. Donde la política ha dejado de ser el instrumento para servir a los demás para convertirse en la manera de enriquecerse los políticos. Donde los gremios se han convertido en defensores del “statu quo” y los sindicatos son instrumentos políticos, en lugar de vías para lograr reivindicaciones de sus afiliados. Donde las iglesias han dejado su misión pastoral de orientar a la feligresía. Donde los maestros han perdido el determinante rol que tienen dentro del desarrollo de la sociedad.

El país parece ajeno a una agenda política, social y económica clara. Vamos de tumbo en tumbo. Por eso, temas como los inadaptados, el mundial de fútbol, las peleas de Shakira y los enredos del príncipe Harry, se convierten en lo que le interesa a la gente. No hay diálogo político de ninguna clase, hay carencias agudas de dirigentes en todos los sectores. No hay preocupación seria sobre el futuro de la Caja de Seguro Social o lo horrible de nuestra educación o la profunda desigualdad social que nos consume.

Los liderazgos falsos se forman alrededor de quien más bicicletas regala en su circuito o el que más jamones obsequia a sus seguidores. Las fuerzas de seguridad cada día incautan más drogas, pero nunca terminan de agarrar a los que están detrás de esas organizaciones criminales, muchas veces amparados con el velo de la odiosa inmunidad parlamentaria.

Mientras todo esto ocurre, hay sectores, inclusive dentro del Gobierno, que siguen haciéndole carantoñas a regímenes como el de Irán, Venezuela y Cuba. Por eso preocupa que Panamá en 2024 puede hundirse más, si llegan al poder los que lo han detentado con tanta irresponsabilidad e impunidad en este quinquenio o los que quieren regresar con una sed de venganza tan grande que terminaría de profundizar las divisiones que salen a flote en nuestra sociedad. O si, por el contrario, como muchos confiamos puede ocurrir, emerge una fuerza independiente ajena a los intereses que nos han consumido en las últimas décadas que nos enrumbe por senderos de decencia y honestidad, demostrando que esos valores pueden ser rescatados.

En manos de todos está la solución.

Analista político.
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